“Caemos con facilidad en el engaño y el adormecimiento de una aventura amorosa con El Mundo. Los deleites temporales a nuestro corazón, a los placeres del mundo y actúan como anestesia para insensibilizarnos con respecto a los anhelos más profundos del corazón”.
Jesus se anima a decir, amen a su enemigo, porque lo que está diciendo es enfocarte en las virtudes de la persona que te cae mal, ama a todos como a ti mismo porque invita a encontrar valor en los demás.
El Judaísmo define así el amor, placer emocional que uno siente al encontrar las virtudes en otra persona e identifica a la otra persona con esas virtudes.
En cambio, el amor de los griegos está representado por cupido, que pasa revoloteando con sus alas, dispara una flecha y listo.
En la conciencia occidental, el amor es un golpe de suerte, sin rima, sin razón, sin esfuerzo donde fácilmente te enamoras y te desenamoras.