La envidia rara vez se presenta como envidia, se disfraza de ironía, de burla, de chistes, de [crítica constructiva] y de una distancia extraña, pon mucha atención.
Ser inteligente es una maldición. Entiendes el juego, observas las mentiras, reconoces los patrones, pero aun así necesitas hacerte el idiota para sobrevivir.
La parte aterradora de pedirle a Dios que te guiíe es que tienes que estar preparado para lo que sea que eso implique, incluso si no es lo que quieres.