No te fuiste. Estás en cada rayito de sol que me pega en la cara cuando el sol se va escondiendo, de esos que se disfrutan. En cada vientito suave, de esos que son una bocanada de aire fresco. Estás en cada flor con aroma dulce. En cada día. Jamás te fuiste, ni te vas a ir.
Perdí a mi mamá. Se siente como cuando ella me dejaba en la fila del sprmercado y me decía: ‘ya vengo’ esa angustia enorme en el pecho de no tener nada en las manos para responderle a los adultos alrededor. Pasaré el resto de mi vida en esa fila, sabiendo que mi mamá no volverá.