Salí de Venezuela hace 7 años ya, porque me pusieron una pistola en la cabeza a plena luz del día. 19 años tenía. Iba caminando a la universidad.
Me costó entender que eso pasó básicamente porque no había consecuencias para los criminales reales, como suele ser en las dictaduras.
Me fui aterrada y sin ganas de volver. Estaba chica y me costaba separar lo que es el gobierno vs. lo que es la patria.
Afuera lo entendí. Y me dolió muchísimo darme cuenta que amaba mi país más que a nada y que el recelo venía de que nunca quise ser una exiliada. Qué sensación tan fea lo que es el despojo y más cuando ni siquiera has terminado de formar tu identidad.
Por fortuna y bendición, migré a un país que amé profundamente desde el momento en que llegué. Me acogió, me permitió crecer, lo hice mi casa y lo sigo amando. Amo su cultura, sus costumbres y sobre todo a su gente.
Pude crecer, recorrer distintas tierras, sanar y ser feliz en ese proceso. País que visito, país del que me recorro al menos tres ciudades como queriendo entender cómo funciona desde adentro. Me voló la cabeza conocer formas de pensar tan diferentes e interesantes. Ese intercambio constante me recordaba lo que somos en Venezuela y lo que no. Nos empecé a recordar con cariño y con nostalgia.
Ya cuando sané y quise volver de visita, era demasiado tarde.
Para bien o para mal, tengo nacionalidad española y venezolana. La española me permitió moverme libremente por el globo, con la excepción de que si llegaba a pisar venezuela no podía salir.
Podía visitar cualquier país, excepto el mío. Y si lo visitaba, no podía salir, a no ser que tuviera ese pasaporte venezolano que me era imposible de conseguir por distintos motivos claramente relacionados a la dictadura.
Cuento esto como un marco para decir que la intervención de hoy, de este 3 de Enero de 2026, no la celebro a la ligera. Cuando crecí no soñaba con que USA bombardeara a mi país, te lo juro.
Pero tampoco nadie te prepara para lo que es ver a una tanqueta militar aplastando los huesos de estudiantes que solo exigían derechos humanos, poder comprar comida o tener libertad.
Nadie te prepara para estar semanas sin electricidad en un país que es ridículamente rico. Nadie te prepara para lo que es llegar con una emergencia a un hospital y ver cómo se te muere un familiar en los brazos porque no hay insumos. Nadie te prepara para lo que es tener amigos presos en el centro de tortura más grande del continente, y que ese centro de tortura casualmente esté en tu país.
Una dictadura es una dictadura. Y las salidas pacificas son una utopía.
Lo intentamos todo: votar, alzar la voz, pedir ayuda, protestar, irnos, quedarnos y hasta morir por nuestra tierra.
Nada funcionó. Y la represión no solo siguió sino que tomó fuerzas. En algún punto se sintió invencible (en psicología le decimos “Indefensión aprendida”). Por eso estamos tan contentos hoy. No creemos que lo que vengan sean rosas, pero sí nos devuelve algo de esperanzas.
No tienen que venir a preocuparse por nuestro petróleo, sabemos que tenemos las reservas más grandes del planeta. Rusa y China también lo saben bien, porque nos lo han robado en las últimas dos décadas y ahí si no hemos visto a nadie diciendo nada.
Todavía nos queda mucho. Y seré cruda con esto: tampoco somos libres (aún). Pero por primera vez en 26 años está ocurriendo algo histórico en nuestro país.
Si no eres venezolano, déjanos celebrar un poquito esta sensación de alivio y de esperanza que habíamos perdido.
Si eres venezolano y estás en Venezuela, por favor cuídate mucho. Nos necesitamos a todos a salvo.
Si eres venezolano y estás fuera, te entiendo. Te abrazo fuerte y te pido nos eduquemos sobre lo que pasa para explicarlo bien. Hará falta darle visibilidad a esto para que no se tergiverse nuestra historia.
Ya la historia no es solo el pasado, sino lo que está ocurriendo hoy. Y por eso cuento la mía.
🇻🇪| SALE UNA REFLEXIÓN LARGA👇
Siento que me corresponde ser un poco más claro respecto a mis opiniones y sobre todo mis emociones en cuanto a Venezuela.
Quiero dejar algo perfectamente claro, a mi me hubiera gustado que esto se terminara NO SOLO "de otra forma", sino mucho antes.
Me hubiera gustado, para empezar, que Venezuela siempre hubiese sido una democracia y que Hugo Chávez (que llegó al poder engañando a mucha gente decente y verdaderamente interesada en un cambio positivo para su país) hubiera cumplido sus promesas.
Descartando eso, me hubiera gustado que Maduro hubiera admitido la derrota legislativa en 2015, se hubiera producido el revocatorio, y (tras la obvia derrota que iba a sufrir) hubiera entregado el cargo a un sucesor electo.
Si no lo hacía, me hubiera gustado que un masivo movimiento de protesta como el de 2016-17 lo hubiera desalojado del poder. De ese período conocí a un chico venezolano en un foro gamer que hoy debería tener mi edad y no nueve años de muerto.
Me hubiera gustado que Oscar Pérez hubiera podido construir una oposición armada interna exitosa, no habiendo de otra. O quizás, habiendo de otra, me hubiera gustado que se hubieran celebrado elecciones competitivas en 2018, porque nadie discute que Maduro las hubiera perdido. En su extremo defecto, que la movida interna de Guaidó hubiese salido bien en 2019.
Finalmente me hubiera gustado que los Acuerdos de Barbados se respetaran y que las elecciones de 2024 hubieran sido limpias. Me hubiera gustado que se hubiera permitido a Machado ser candidata. Me hubiera gustado que no pasaran meses de incertidumbre.
Y finalmente, me hubiera gustado que la noche del 28 de julio de 2024, Nicolás Maduro hubiera tenido un mínimo, un miserable toque de decencia humana de comparecer para hacer lo que debía hacer: felicitar públicamente a Edmundo González por la paliza que le pegó y disponer una transición.
O incluso luego de haber hecho todo lo que hizo, cuando quedó claro que la situación para ellos había cambiado para siempre, podría haber aceptado la realidad y dispuesto la transición igual, con toda la estructura dictatorial a su favor para imponer concesiones. Visto y considerando su situación actual, estoy segurísimo de que hoy mismo él y su esposa pensaron igual.
Me hubiera gustado que Maduro fuese derrocado por medios internos y, sobre todo, de la forma más pacífica posible. Pero no ocurrió.
Lo que sí ocurrió fue que en las últimas décadas fueron ejecutadas cerca de 20 mil personas. Fueron exiliados de sus hogares nueve millones de venezolanos, equivalentes a un 30% de la población, la crisis de refugiados más grave de América.
Ocurrió que fueron desaparecidas, secuestradas y torturadas miles de personas, que siguen hoy languideciendo en las cárceles de Maduro, con aún menos garantías que las que tendrá el dictador en Estados Unidos.
Ocurrió que perdieron una elección por más de 37 puntos y, aunque las pruebas de su derrota estaban delante de los ojos de toda la Tierra, se atrevieron a intentar robársela de la manera más burda posible.
Eso ocurrió. Sucedió. Aconteció. Tuvo lugar. Pero para varios solo existe lo que ocurrió hoy. Las únicas víctimas son Maduro y el puñado de bajas del operativo de Trump. No existieron las decenas de miles anteriores. No existió el horror y el desastre de dos décadas.
En sus pequeñas mentes privilegiadas por la lejanía los detalles pueden no existir. Pero para mi no puede ser así.
Ocurrió que lo único que Maduro no pudo evitar fue lo que pasó hoy, pero podría haber evitado que todo lo anterior ocurriera y no lo hizo. Y por eso el único culpable es él.
Oí a mi novio llorar de bronca, frustración y dolor la madrugada del 29 de julio, y envejecí diez años. Esta mañana lo oí llorar de alegría mientras jadeaba de sorpresa por ver a Maduro, finalmente, fuera de su vida. Y me devolvió años de vida. Me hizo sentir que valía la pena.
Sé que en las últimas horas he roto algunas actitudes más institucionales que suelo mantener con la cuenta. Y tampoco tapo el sol con un dedo. Comprendo los motivos válidos para el recelo de muchos de mis amigos y colegas de la academia, a quienes respeto y quiero demasiado.
Lo que no puedo entender es la indolencia, el odio y la prepotencia con la que algunos se atreven a hablarle a los venezolanos o a los que estamos personalmente implicados. ¿Me dejo llevar por mis emociones? Sí, pero son emociones válidas. Vos te estás dejando llevar por dogmatismos que a nadie benefician.
Todavía falta aguantar muchas cosas. Falta ver y toca esperar por la resolución de esta situación. Sin embargo, es imposible no sentir que estamos un paso más cerca, aún si no se da en las circunstancias que tanto quisieramos.
Nada ni nadie puede borrar de mi cabeza estos dos años (que para mí han sido décadas mentales) y por tanto nada ni nadie va a hacer que me arrepienta de alegrarme por mi pareja y por un pueblo hermano que tanto cariño me ha dado y al que hoy día siento como mío.
Si no te gusta, el libro de quejas está en el "unfollow", pero te puedo mostrar la salida si te parece.
Te amo inmensamente✅
Sos libre ⌛️
Vamos a estar juntos
Vamos a ser felices
Va a ser en Venezuela 🇦🇷💞🇻🇪
Mi consejo de navidad es que salgan a la calle con mucha paciencia porque la gente está que explota 💝 con suerte la paciencia que le tienes a alguien hoy, mañana te la podrían tener a ti.
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Mucho miedo a la IA, pero la verdadera distopía lleva años aquí: nuestra relación con la economía de las imágenes. Ya no deseamos vivir, sino el valor simbólico de la vida. No buscamos experiencias, sino souvenirs, No queremos estar, sino decir “estuve aquí”.
she doesn’t need a nobel prize, she needs the law and everyone in charge of any kind of power -e.g. the media - to start taking rape and rape victims seriously and to start condemning rapists instead of upholding them.. ‘shame must change sides’ yes that’s the whole point of it