Pasó demasiado tiempo pensando en qué se le pasará al Señor por la cabeza al saber que una de sus hijas, tan devota a él, es amante de las mujeres. ¿Tendré redención?
Quiero conocerte
después del milagro.
Cuando caigan los velos.
Cuando Dios calle.
Cuando tu herida
tenga mi nombre.
Ver tu noche.
Besarla.
Tus pecados.
Mis ruinas.
La sangre seca
sobre nuestros votos.
Que amar no sea salvarnos.
Sea descender.
Hasta el fondo.
Hasta el hueso.
Hasta encontrarnos
irreconocibles.
Y allí,
sin cielo,
sin promesas de redención,
elegirte.
Como se elige un altar
sabiendo que exige sacrificio.
Como se entrega la garganta
a aquello
que podría destruirla.
Quiero un amor así:
condenado a conocernos
por completo
y todavía
devoto.