El trabajo no dignifica. Dignifica lo que el trabajo debería permitir: vivienda, salud, ocio. Cuando el trabajo no permite eso, se vuelve una actividad denigrante.
Hay que ser muy imbecil para defender a Maduro.
Hay que ser muy imbecil para creer que la intervención estadounidense persigue la Justicia y el restablecimiento del orden.