La felicidad es subestimada. La pintan como éxtasis, pero casi siempre es calma. Es la ausencia de problemas urgentes. Es un domingo por la tarde sin nada que resolver.
Somos pura contradicción. Pensamos cosas opuestas, sentimos emociones contrarias a la vez. Dejar de buscar tanta coherencia en todo ayuda a que la perspectiva de la vida sea mucho más coherente.