Estar soltera es genial hasta que una película romántica me recuerda que tal vez sí quiero que alguien me compre flores y me mire con esos ojos patéticos y anhelantes.
Los domingos no quiero ser la mujer que puede con todo.
Quiero flores, salir a comer, ver películas, muchos abrazos y que por un ratito me consientan como a una niña chiquita.