No se trata de justificar lo que está mal, sino de recordar que todos necesitamos arrepentimiento y gracia.
La persona que hoy señalas puede arrepentirse, levantarse y transformar su vida. Y nosotros también tenemos cosas que sanar.
Que nunca nos falte misericordia para mirar al otro, ni humildad para reconocer lo que Dios necesita cambiar en nosotros.
El pecado ajeno nos escandaliza porque el nuestro todavía no ha salido a la luz.
Siempre he pensado que es mucho más fácil escandalizarnos por los pecados que podemos ver.
Señalamos al que cayó, al que se equivocó, al que lleva una vida que desaprobamos.
Pero ¿qué pasa con el orgullo, la envidia, el chisme, el egoísmo o la falta de perdón que nadie ve?
A veces nos sentimos mejores personas simplemente porque nuestros errores no son tan evidentes.
Pero Dios no mira solo nuestras acciones, también conoce nuestro corazón.
Jesús lo dijo en Mateo 7:3-5: ¿por qué miras la paja en el ojo de tu hermano y no ves la viga en el tuyo?
A veces pensamos que ya pasó nuestro momento. Que debimos empezar antes, aprender antes, cambiar antes o incluso buscar a Dios antes. Pero mientras haya un nuevo día, también hay una oportunidad de hacer las cosas diferente.
Renovar nuestra manera de pensar también implica dejar atrás el “ya es tarde” y atrevernos a avanzar con lo que hoy tenemos en nuestras manos, confiando en que Dios puede hacer mucho más de lo que nosotros alcanzamos a ver. ✨
Renuncié a mi trabajo porque mi jefe me explotaba.
Ahora soy emprendedor.
Mi nuevo jefe me hace trabajar 12 horas, no me paga horas extras y me llama hasta los domingos.
Lo peor es que soy yo. 😂
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