Lo de Argentina y sus jugadores no solo se explica con lo de “huevos”, “actitud”, “cabeza”, etc. Hay algo más profundo e increíblemente obvio.
Ellos tampoco, o en su gran mayoría, no nacieron en cunas de oro. Son villeros, son del interior, también tuvieron necesidades y hoy, también son igual o más multimillonarios que los nuestros.
Lo de ellos, más allá de lo actitudinal y mental, es amor a la profesión. Ellos son profesionales del fútbol, ellos viven para el fútbol, mueren para el fútbol. Todo su entrenamiento, su vida, va en torno al fútbol.
El futbolista colombiano no es así, ni el de club ni el de selección. No lo digo yo, lo dicen ellos mismos cuando están allá: ya llegamos. Ellos no aman su profesión, aman lo que su profesión les dio. Amar la profesión es ir más allá.
Lo primero que se debe cambiar para que algún día tanto en clubes como en selecciones podamos tener procesos exitosos es que se cree una cultura de amor por la profesión, de más allá de las 3 horas en la mañana.
El jugador colombiano o empieza a amar la profesión o seguirá siendo un comodín en un fútbol cada vez más profesional.