Cena de antiguas compañeras de clase. 35 años.
Currículums brillantes, buenos sueldos, Instagram lleno de “mujeres empoderadas”.
Entre risas, Elena deja la copa, se toca la barriga y dice:
—He decidido dejar mi trabajo unos años para criar al bebé. Juan y yo lo hemos decidido así.
Un segundo de silencio.
Sonrisas tensas.
Hasta que habla Clara.
Bio morada, hilos sobre patriarcado, postureo 24/7.
Deja la copa de golpe:
—Es un error gravísimo, Elena. Renuncias a tu independencia para ser la chacha de tu marido. Es un retroceso.
La mesa se congela.
Elena se encoge. Mira al mantel. Se le cae la sonrisa.
Ahí entro yo:
—Pensaba que el feminismo iba de que las mujeres pudieran elegir su vida, no de que todas hicieran la misma.
Clara gira la cabeza, molesta:
—Esa es una falsa libertad. Estás perpetuando roles de género.
Ya sin sonreír:
—No, Clara. Lo que perpetúas es tu ego. No quieres mujeres libres, quieres discípulas.
Si una amiga no encaja en tu guion, la tratas de ignorante y la humillas delante de todas.
Se pone tensa:
—Estás alienada. No entiendes nada de estructuras de poder.
Traducción: “No repetís mi eslogan, así que estáis equivocadas”.
El resto de la cena, Clara la pasa deslizando el dedo por el móvil, tecleando con rabia.
Seguro que redactando un hilo sobre “lo duro que es ser feminista rodeada de mujeres machistas”.
Al salir, Elena me agarra del brazo.
Ojos brillantes, voz bajita:
—Gracias por defenderme. Pensé que estaba loca por querer criar a mi hijo.
No está loca.
Está rodeada de un activismo que ama más el relato que a las personas.
Reflexión:
Hay un feminismo que presume de “liberar a la mujer”…
siempre que elija carrera, éxito y oficina.
Si elige maternidad, hogar o cuidado, de repente es sumisa, retrógrada o “lavada de cerebro”.
La libertad no es aplaudir solo a la CEO.
Es no tratar de traidora a la que decide criar a sus hijos.
Cuando tu “feminismo” te hace atacar justo a las mujeres que dices defender,
ya no es un movimiento de liberación.
Es otra religión más,
con dogmas nuevos y la misma intolerancia de siempre.
Una mujer que trabaja más de 40 horas a la semana, pagándose su propio cabello, uñas, alquiler, comida, gasolina y manejándolo todo por sí misma, no puede encajar en el estereotipo de mujer "suave y delicada" que muchos esperan.
Y no, no puede ofrecerte paz cuando está en modo de supervivencia.
La jornada laboral debería ser máximo de 6 horas. No puede ser que pasemos más tiempo con nuestros compañeros de trabajo que con nuestros seres queridos.
En un viaje hacia el sureste de Groenlandia, los pasajeros fueron sorprendidos por un oso polar que, desde el hielo, observaba con curiosidad.
https://t.co/fwGcSnOfoP
en shock con el descubrimiento de que es el óvulo el que elige qué espermatozoide dejar entrar y cuál no. no son ellos nadadores eximios que ganan el premio a la tenacidad sino el huevo sabio el que consiente o rechaza. nadie lo rompe, él solito se abre o no. la vida no empieza con una conquista sino con una elección.
No me gusta admitirlo, pero tener estabilidad económica elimina el 99% del estrés. El dinero es una de las cosas más importantes de la vida y no deberíamos fingir que no lo es.
Un hilo sobre la excursión social de Carla Galeote a Uganda, la organización con la que fue y la industria del “volunturismo”.
Es larguísimo. La versión resumida: Humanitarians of Tinder punto com y ya estaría.
(Sigue…)
Si una morra se 16 años va al DIF a pedir adoptar a un infante, probablemente se rían de ella por que no tiene la madurez, o estabilidad económica necesaria. ¿Entonces por qué cuando una morra de 16 años queda embarazada le obligamos a ser madre?