A ver si @Santanderiensis y @ObispoSantander hacen algo con este hereje, sacerdote, Juan Carlos Rodríguez del Pozo, párroco de Nuestra Señora de la Asunción de Torrelavega.
El pueblo sencillo no merece esto.
Los laicos: retuiteen y escriban al Obispado: [email protected][email protected][email protected]
PD: elijan solo a sacerdotes de verdad católicos al momento de dar su dinero
@persficticio @batallan_lupe@MamelaFialloFlo@PMunozIturrieta A cuántas conferencias fuiste? Cuántos libros has leído de ellos o pagado cursos? En el fútbol siempre hay rivalidad y más si los mexicanos nos hemos pasado insultando y denigrando a los demás equipos como si el equipo fuera superior. México jugo como nunca y perdió como siempre
@MarioFM Y por qué no hablas de que fueron y no les dejaron descansar en el hotel. De que economía hablas de la que está podrida en México? Y la cultura? Sabías que es la misma de México por qué somos descendientes de españoles. O hablas de la cultura de los destrozos y las muertes en Méx
@Pontifex https://t.co/Z716tCbwoj
https://t.co/mH8CLrf6fz
https://t.co/JU6Cb4cAub
Papa esta dividiendo la Iglesia en lugar de unirla solo a ellos los excomulga, y a los chinos? y a los alemanes? y a James Martin?
en la Iglesia caben todos todos todos menos los catolicos tradicionales
@Dani_FuriO Dónde se persigue a los cristianos por su fe como en Israel? O ellos son muy abiertos con los católicos como el cardenal Pizabala o cuando atacaron la iglesia del verbo encarnado
La directora de la Oficina de Fe de la Casa Blanca dice que la Casa Blanca es tierra sagrada porque ella estuvo parada ahí; que a donde quiera que va manda Dios y que si ella pisa, pisa Dios.
Quiero que vean esto y después vengan a decirme si esto es o no idolatría, y si han convertido a Trump en su becerro de oro.
Para que dejen de creerle a esa bola de vendehumo que ahora quiere decirnos que la fe católica no tiene por qué meterse en la política. Su problema no es con la religión, es con la religión católica, con la Verdad.
Protestantes, cristianos y ateos andan muy críticos de lo que dice el Papa.
Qué raro que nunca los veo juzgando con la misma vara a un rabino o a uno de sus pastores.
Nunca van a misa, ni se paran en la iglesia, pero quieren enseñarle al papa a dar una homilía.
ANÁLISIS CATÓLICO de la auto-deificación política: la impostura litúrgica del César
En la primavera de 2025, en plena semana de un cónclave que la Iglesia universal vivía con oración y reverencia, el presidente de los EE.UU. Donald J. Trump publicó en redes sociales una imagen suya vestido de Sumo Pontífice sentado en un trono pontificio, con mitra y báculo, señalando al cielo con el dedo índice. Un año después, en abril de 2026, volvió a publicar otra imagen: él mismo, con túnica blanca y manto rojo, imponiendo las manos sobre un enfermo en un gesto clarísimamente cristológico, rodeado de banderas estadounidenses, águilas, soldados, la Estatua de la Libertad (Lucifer) y un cielo apoteósico de luz divina.
Es necesario aclarar en este punto que estas imágenes NO son simples “memes”, ni “provocaciones” ni “humor de redes”. Son actos deliberados de impostura ceremonial. Y desde la fe católica, que contempla la historia como el despliegue del combate entre la Ciudad de Dios y la Ciudad del hombre (San Agustín), estos gestos revelan algo mucho más grave que un simple narcisismo político: constituyen una manifestación pública de voluntarismo luciferino, es decir, la voluntad finita (humana Y preternatural) que se erige en el lugar sagrado de la Voluntad divina (Dios).
Analicemos estos hechos desde la Escatología teológica en la “abominación de la desolación” que denunciaban nuestros padres, en clave contemporánea
Nuestro Señor Juesucristo advirtió: "Vendrán falsos cristos y falsos profetas y harán grandes señales y prodigios para engañar, si fuera posible, aun a los elegidos" (Evang. San Mateo 24,24). San Pablo, en la segunda carta a los Tesalonicenses, describe al “hombre de pecado” como aquel que "se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto, hasta el punto de sentarse en el templo de Dios, haciéndose pasar por Dios" (2 Tes 2,4).
La secuencia de imágenes dentro de su contexto histórico y geopolítico es precisa y litúrgicamente blasfema: el líder temporal primero se viste de Vicario de Cristo (el Papa) en el momento exacto en que la Sede Apostólica está vacante o en proceso de elección. Después se presenta como el mismo Cristo sanador en una iconografía que imita directamente los iconos bizantinos y renacentistas de la Christus medicus. Esto NO es casualidad. Se está realizando un acto de sustitución sacramental. El mensaje teológico es muy claro: "la Iglesia ya no es necesaria. El nuevo mediador entre Dios y los hombres no es el Sacerdocio eterno de Cristo continuado en el Papa y los obispos, sino el líder político que encarna la voluntad nacional". Entendamos esto: los líderes que gobiernan saben que todo lo temporal se asienta sobre lo sagrado. No importa lo que Ud. y yo creamos. Ellos saben perfectamente que la metafísica (moral, orden sagrado) moldea a la política.
Con lo cual, lo que hacen para presentar esta imágenes a la masa es el envío de mensajes sutiles: se transfiere el dogma de la infalibilidad papal al “infalible líder carismático”. Esto es, en términos escatológicos, la prefiguración de la abominación de la desolación (San Mateo 24,15; Dn 9,27) en su versión política moderna: no necesariamente el Anticristo final (cuya llegada solo Dios conoce), pero sí un anticipo claro de su espíritu. La Iglesia ha estos actos blasfemos los ha condenado siempre bajo el nombre de mesianismo político.
Lo que se está realiznado es un rediseño antropológico desde la metafísica: es la rebelión de la inmanencia.
Desde Santo Tomás de Aquino hasta León XIII, la doctrina católica nos enseña que el orden político debe reflejar el orden metafísico: el hombre es criatura, no Creador. La autoridad viene de Dios (Romanos 13,1) y está limitada por la Ley Natural y la Ley Divina. Donald Trump, al apropiarse de los símbolos sagrados realiza la inversión luciferina por excelencia: Non Serviam. Pero no dice “yo rechazo a Dios”, sino algo mucho más sutil y peligroso: "Yo soy el cumplimiento de lo que Dios prometió". Es la misma lógica que el Diablo-Adversario usó en el desierto: "Si eres Hijo de Dios…" (San Mateo 4,3). Filosóficamente, estamos ante la fase de usurpación absoluta de la inmanencia (lo temporal) sobre la trascendencia (lo Eterno). El Logos eterno (Cristo) es sustituido por un antilogos fabricado: la narrativa del poder. La VERDAD desde el realismo filosófico ya no es adaequatio rei et intellectus (conformidad del intelecto con la realidad creada por Dios), sino "la conformidad con la voluntad del líder". Es el vaciamiento de la jerarquía ontológica para su reemplazo por la voluntad humana y preternatural para la mutilación ontológica del Imago Dei en su forma más siniestra.
En este punto del paroxismo de las voluntades humanas instigadas por las preternaturales (recordemos a San Pablo, "no luchamos contra carne sino contra principados y potestades infernales"), el César del mundo que ya no tolera al Vicario del Cielo por ser un obstáculo moral a sus acciones, por tanto, busca usurparlo.
Desde la perspectiva católica, la distinción entre poder temporal y poder espiritual es dogma de fe (Gelasio I, Duo sunt, 494; León XIII, Immortale Dei, 1885). El Estado no puede absorber la esfera religiosa sin convertirse en ídolo. Al presentarse como Papa y como Cristo, Trump no solo deslegitima al Vaticano: declara la soberanía absoluta del poder político sobre lo sagrado. El mensaje geopolítico es tan crudo como brutal: cualquier tratado, norma moral o institución que no se someta a la “voluntad nacional” es obsoleto. El líder temporal destrona a Dios para erigirse en su lugar. Entonces, la lealtad del católico que es solo hacia su Creador queda fracturada: o se es fiel a la Iglesia que reconoce un Rey celestial, o se adhiere al culto del "salvador" terrenal.
Esta herejía es exactamente lo que Pío XI condenó en la encíclica Mit brennender Sorge (1937) contra el nazismo y en Divini Redemptoris contra el comunismo: la estatolatría, la divinización del poder político. Hoy se repite bajo bandera estadounidense y retórica “cristiana” protestante. No importa si esta se autodeifica como "derecha": el principio sobre el cual se fundamenta la adoración al líder, es el mismo.
¿Cuál es el objetivo de estas acciones? Estos gestos buscan remodelar la antropología del seguidor: se anestesia la capacidad de horror ante la blasfemia. Se sustituye la liturgia verdadera (el Sacrificio de la Misa) por el espectáculo político. El líder deja de ser gobernante para convertirse en taumaturgo (sanador milagroso con poderes prenaturales-luciferinos).
La segunda imagen -Trump imponiendo las manos sobre el enfermo- es la culminación de la primera: ya no se gobierna con leyes, se “cura” con voluntades y carisma. Es el retorno al rey-sacerdote pagano que precisamente la catolicidad universal vino a abolir. El seguidor del líder entonces ya no razona: adora suprimiendo por completo su fe y su razón. Porque quien no adore al "salvador" líder se convierte entonces en enemigo de la salvación nacional y "debe ser castigado y lanzado al infierno de misiles y bombas".
Por tanto, esa imágenes NO son inocentes. Tampoco son una espontánea parodia. NO son "actos aislados": son la inauguración litúrgica de una religión civil. Son la liturgia de una nueva religión política que busca devorar el cristianismo para usar sus símbolos como combustible. La figura es clara: el mesianismo carnal (Meinvielle, 1936) y político secularizado ya no se contenta con ser “populismo”. Quiere ser culto. La Iglesia siempre ha advertido contra esto. San Agustín en La Ciudad de Dios describió la diferencia entre la Ciudad que se funda en el amor de Dios hasta el desprecio de sí misma, y la que se funda en el amor de sí misma hasta el desprecio de Dios.
Por tanto, hoy, ante estas imágenes, la pregunta católica no es política, sino escatológica y espiritual: ¿a quién servimos? ¿al Redento del Mundo, Jesucristo que se hizo obediente hasta la muerte de cruz, o al “anti-cristo” que se sienta en el trono y señala a sí mismo buscando devorar lealtades inmediatas y estériles? El vulgo no lo ve porque está embriagado por el espectáculo pero el católico que conserva la fe íntegra y la razón recta lo reconoce inmediatamente: es la antigua serpiente, vestida ahora de rojo, blanco y azul, diciendo de nuevo: "somos sus nuevos dioses y Uds. seréis como dioses" (Génesis 3,5). La respuesta de la Iglesia Católica como Cuerpo de Cristo, desde Pedro hasta hoy, sigue siendo la misma: Non possumus. No podemos servir a dos señores. Por tanto, In hoc signo vinces - nuestro signo es la Cruz, no la bandera-.
Que Nuestra Señora de Fátima, que advirtió contra los errores que vendrían de Rusia pero también contra la apostasía interna, nos conceda la gracia de permanecer con las lámparas encendidas y no confundir al César deificado, con Nuestro Señor Jesucristo.
Sancta Maria, Mater Dei, ora pro nobis peccatoribus.
autor: Mar Mounier.
(Análisis realizado desde la perspectiva estrictamente católica, fundada en la Sagrada Escritura, el Magisterio bimilenario y la tradición de los Santos Padres. Sin eufemismos ni concesiones al "espíritu del mundo").
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Imágenes: TruthSocial de Donald Trump.
TRUMP Y EL SIONISMO CRISTIANO
La presente guerra en Irán está marcada por el fanatismo religioso; no me refiero aquí al islamismo, sino al «sionismo cristiano», promovido por las sectas evangélicas que contemplan a Trump en clave profética, pues éste sería una especie de «catalizador» que tendría la misión, según dicen, de acelerar la venida del mesias.
Este «aquelarre» evangelista-sionista es un insulto a la inteligencia, además de una blasfemia, porque el sionismo no sólo comporta la negación del cristianismo, sino que supone su profanación. Sin embargo, también implica una perversión moral, habida cuenta de que blanquea las acciones genocidas del Estado de Israel y de Netanyahu, el sumo sacerdote de los dioses Baal y Moloch.
Yo no digo que Trump sea el Anticristo, en mayúscula, puesto que éste tendrá más altura intelectual que Naranjito, pero sí que creo que él es un anticristo, en minúscula, o sea, alguien que se opone a Cristo y a su Verdad, pero engañando astutamente a los cristianos, haciéndoles creer todo lo contrario, como si fuese una suerte de «defensor» de la fe y moral cristianas. Cabe decir que hay que ser muy mentecato para caer en esta trampa de Trumposo a estas alturas de la película.
En fin, termino con una pregunta retórica: cuando oímos a politicastros liberaloides, presumiendo de su idolatría trumpista y de su «judeocristianismo» cultural, ¿creen ustedes que estos inanes están muy lejos de la teología «dispensacionalista» de esos herejes infectos?
Dr. Mn. Jaime Mercant Simó