Enrique Márquez habló ayer. Lo vi hoy. Lo que me gusta de Márquez es que es claro con los EE.UU. También, tiene la ruta de la transición clara. Le dio demasiada importancia a Hausmann. Lo de "antivenezolano" estuvo demás. Sus 3 minutos pudo aprovecharlos en su idea. No polarizar
Dicen, para quedar bien con Trump, que “NO VAMOS A OBSTACULIZAR LA TRANSICIÓN”. Pero apenas aparecen los convenios petroleros, gritan: “¡Delcy no puede firmarlos porque es ilegítima!”.
¿Entonces? ¿Apoyan una transición en la que el gobierno transitorio NO puede firmar, NO puede gobernar, NO puede contratar, NO puede atraer inversiones y NO puede reconstruir?
Eso no es una transición. Es exigir la PARÁLISIS DEL PAÍS hasta que a ustedes les guste quién firma.
No se disfracen de leguleyos. ESO ES OBSTACULIZAR LA TRANSICIÓN.
#GegeTuit De repente amanecieron nacionalistas y dolientes de la bandera.
A las seis de la mañana ya tenían puesto el "Gloria al Bravo Pueblo", desayunaron con Simón Díaz de fondo y exigieron pabellón para el almuerzo, porque hoy les brota Venezuela por las venas.
Pero cuando pedían bombas, invasiones y sanciones, no se acordaban ni del pabellón, ni de la bandera, ni del tío Simón, ni del himno. Cuerda de hipócritas.
📌 Estás son las cosas que no representan a otro gran cúmulo de ciudadanos que ya pasaron por estos escenarios en el pasado sin resultado relevante alguno.
En esta oportunidad, demasiado decente fue el Polichacao en no responder, donde claramente se ve quien empuja a quien.
Los que viven del conflicto, buscan el conflicto como modo de supervivencia! Hoy el “sindicalista” sin sindicato quiso nuevamente junto a 20 personas, crear una situación de violencia… Esta vez arremetiendo contra funcionarios de la Policía de Chacao!
Se quedarán con las ganas!
@Boallenche2 El es un peón de ese enjambre! El no se gobierna! A ese señor le bajan dinero para hacer las payasadas que hace, buscando desestabilización!
La miopía no los deja leer al País. La desconexión es total!
La policía de Chacao custodia a diplomáticos que están en un Hotel.
Un grupo agrede a los policías porque quieren armar un escándalo en el Hotel!
Luego salen con un cuento de represión aún cuando en el video que ellos mismos cuelgan, se ve la agresión a un policía…
Ya Basta!
Luis Fuenmayor: Los radicales quieren el poder para hacer lo mismo que hizo Maduro, para hacer lo mismo que criticaron. Ese es su razonamiento: "Si ello se reeligieron, nosotros también". Entre otras cosas.
@globovision@kicobautista@LFuenmayorToro
Dip. Luis Augusto Romero, sec. gen. de AP: 🇻🇪
🗣️ ”Cuando usted hipoteca su agenda política a un factor externo, sus decisiones quedan en manos de otros actores”.
@luisromeroc
#GegeTuit La soberanía no era un punto de honor cuando pidieron la invasión.
Ahora con el tratado energético de 25 años con Estados Unidos, ahí si son patriotas.
Sean serios vale!
@ArmandoAmengual Ustedes no tienen vergüenza.. Pidieron la intervención de otro pais para resolver "nuestros problemas" y que proponían ustedes, chavistas de closet, ante el robo de las elecciones???
No voy a entrar en el debate de soberanía, y no por evadirlo sino por precisión: ese debate no empieza aquí. Empieza cuando pidieron la intervención de otro país para resolver nuestros problemas, se materializó el 3 de enero y sigue con el control de los recursos del país en cuentas bajo administración americana. Discutir soberanía a propósito del acuerdo del 28 de agosto es llegar algunos años tarde. Es una discusión importante y merece darse en su punto de origen, pero aquí quiero concentrarme en lo económico, porque el ruido político suele tapar lo que va a determinar la vida concreta de la gente.
Lo primero es lo más incómodo: no sabemos si esto es un proyecto realizable o una campaña política. Eso obliga a la prudencia, porque conseguir las decenas de millardos de dólares para levantar este proyecto no es soplar y hacer botellas. Pero tampoco se puede despachar como puro show, porque hay un interés nacional y privado americano evidente, con reserva estratégica en mínimos y gasolina cara antes de una elección. Y por otra parte Venezuela necesita desesperadamente ingresos petroleros para abordar una crisis que no da para más y la única forma es captar inversión extranjera cuanto antes. Cuando los incentivos se alinean así, lo declarativo puede volverse real. Está por verse.
Lo segundo es el corazón del asunto: que sea bueno o malo económicamente para Venezuela no lo define lo anunciado, sino cómo se implemente. EEUU tomaría 55% de la producción efectiva de este proyecto, parte como accionista y parte como derecho a comprar crudo a costo. La regalía se calcula sobre volumen, pero el impuesto de hidrocarburos sobre ingreso bruto y el ISLR sobre ganancia. Si más de la mitad se entrega a costo y no a precio de mercado, el ingreso reportado se comprime y con él dos de los tres tributos. Los 209 mil millones en impuestos anunciado solo cuadran con valoración fiscal a precios internacionales (y eso puede estar en los contratos que aún no conocemos). Y falta un elemento igual de determinante: qué se define como costo, porque cuando el comprador es también el accionista mayoritario esa definición pesa tanto como la tasa. Nada se ha publicado aún.
Lo tercero es que reducir el análisis a la renta directa es quedarse corto. Una inversión así en 17 campos, buena parte greenfield en la Faja, obliga a reconstruir mejoradores, dilución, oleoductos, terminales y sobre todo generación eléctrica dedicada. Esa generación cambia la ecuación eléctrica de las regiones donde se instale. Detrás vienen servicios, metalmecánica, transporte, construcción, empleo y retorno de talento. Y algo que se subestima: ver a EEUU como socio con intereses propios puede cambiar la percepción de estabilidad para otros inversionistas extranjeros en campos convencionales fuera de este proyecto.
Hay una arista que casi nadie mira. La energía firme y barata se volvió el cuello de botella de la inversión tecnológica: los centros de datos y la infraestructura de IA requieren nodos energéticos gigantes que no son fáciles de conseguir en ninguna parte. Un país que resuelva generación a escala se vuelve candidato para inversiones que no tienen que ver con el petróleo. Igual con la minería y los minerales raros, que dependen de energía, logística y seguridad para el capital.
Nada de esto es inmediato. El crudo extrapesado madura entre cinco y diez años y el capital anunciado es intención, no todavía desembolso.
Hay aristas que analizar más allá de la política. El punto de partida es duro pero real: la mayor parte de nuestro petróleo está inutilizado en el subsuelo, sin posibilidad de que el país lo desarrolle solo, mientras en Barquisimeto (por decir cualquier ciudad más allá de Caracas) se va la luz cinco o seis horas al día, las universidades están depauperadas, el bolsillo de los venezolanos vacío y necesitamos atender 17 mil damnificados de los terremotos. Analizar bien lo que viene, con datos y sin consignas, es lo mínimo que nos debemos.
No voy a entrar en el debate de soberanía, y no por evadirlo sino por precisión: ese debate no empieza aquí. Empieza cuando pidieron la intervención de otro país para resolver nuestros problemas, se materializó el 3 de enero y sigue con el control de los recursos del país en cuentas bajo administración americana. Discutir soberanía a propósito del acuerdo del 28 de agosto es llegar algunos años tarde. Es una discusión importante y merece darse en su punto de origen, pero aquí quiero concentrarme en lo económico, porque el ruido político suele tapar lo que va a determinar la vida concreta de la gente.
Lo primero es lo más incómodo: no sabemos si esto es un proyecto realizable o una campaña política. Eso obliga a la prudencia, porque conseguir las decenas de millardos de dólares para levantar este proyecto no es soplar y hacer botellas. Pero tampoco se puede despachar como puro show, porque hay un interés nacional y privado americano evidente, con reserva estratégica en mínimos y gasolina cara antes de una elección. Y por otra parte Venezuela necesita desesperadamente ingresos petroleros para abordar una crisis que no da para más y la única forma es captar inversión extranjera cuanto antes. Cuando los incentivos se alinean así, lo declarativo puede volverse real. Está por verse.
Lo segundo es el corazón del asunto: que sea bueno o malo económicamente para Venezuela no lo define lo anunciado, sino cómo se implemente. EEUU tomaría 55% de la producción efectiva de este proyecto, parte como accionista y parte como derecho a comprar crudo a costo. La regalía se calcula sobre volumen, pero el impuesto de hidrocarburos sobre ingreso bruto y el ISLR sobre ganancia. Si más de la mitad se entrega a costo y no a precio de mercado, el ingreso reportado se comprime y con él dos de los tres tributos. Los 209 mil millones en impuestos anunciado solo cuadran con valoración fiscal a precios internacionales (y eso puede estar en los contratos que aún no conocemos). Y falta un elemento igual de determinante: qué se define como costo, porque cuando el comprador es también el accionista mayoritario esa definición pesa tanto como la tasa. Nada se ha publicado aún.
Lo tercero es que reducir el análisis a la renta directa es quedarse corto. Una inversión así en 17 campos, buena parte greenfield en la Faja, obliga a reconstruir mejoradores, dilución, oleoductos, terminales y sobre todo generación eléctrica dedicada. Esa generación cambia la ecuación eléctrica de las regiones donde se instale. Detrás vienen servicios, metalmecánica, transporte, construcción, empleo y retorno de talento. Y algo que se subestima: ver a EEUU como socio con intereses propios puede cambiar la percepción de estabilidad para otros inversionistas extranjeros en campos convencionales fuera de este proyecto.
Hay una arista que casi nadie mira. La energía firme y barata se volvió el cuello de botella de la inversión tecnológica: los centros de datos y la infraestructura de IA requieren nodos energéticos gigantes que no son fáciles de conseguir en ninguna parte. Un país que resuelva generación a escala se vuelve candidato para inversiones que no tienen que ver con el petróleo. Igual con la minería y los minerales raros, que dependen de energía, logística y seguridad para el capital.
Nada de esto es inmediato. El crudo extrapesado madura entre cinco y diez años y el capital anunciado es intención, no todavía desembolso.
Hay aristas que analizar más allá de la política. El punto de partida es duro pero real: la mayor parte de nuestro petróleo está inutilizado en el subsuelo, sin posibilidad de que el país lo desarrolle solo, mientras en Barquisimeto (por decir cualquier ciudad más allá de Caracas) se va la luz cinco o seis horas al día, las universidades están depauperadas, el bolsillo de los venezolanos vacío y necesitamos atender 17 mil damnificados de los terremotos. Analizar bien lo que viene, con datos y sin consignas, es lo mínimo que nos debemos.
Como para que les quede claro: "Anótenlo hoy 29/8/2026 para que no sigan repitiendo la estupidez de que cuando gane mi candidata, vamos a echar esos acuerdos para atrás."
Voy a decir algo que a algunos les va a dar un infarto: proclaman alegremente que “EL ACUERDO ES ILEGAL”.
Digo ALEGREMENTE porque NO se lo han leído, no conocen sus términos ni su arquitectura jurídica, pero ya dictaron su infantil sentencia.
Eso no es análisis: es IRRESPONSABILIDAD.
Luego repiten tres argumentos:
1. “Delcy es ilegítima y por tanto no puede firmar nada.”
La legitimidad política de Delcy Redríguez es una cosa; la capacidad efectiva del Estado venezolano para celebrar contratos durante una transición es otra. Si llevamos ese argumento infantil al extremo, habría que paralizar TODO EL ESTADO hasta que exista un gobierno cuya legitimidad satisfaga a todo el mundo: petróleo, electricidad, puertos, infraestructura, financiamiento, registros, notarías, matrimonios y divorcios, y lo más fundamental, la reconstrucción. Eso no es una política de transición nacional.
Es una RECETA AL COLAPSO NACIONAL.
Y añado algo: díganme qué país del mundo no reconoce a Delcy como "presidenta interina". O sea que tiene el principal reconocimiento de un gobierno, duélale a quien le duela.
2. “Se están robando el petróleo.”
¿Robando qué? Venezuela conserva la propiedad del recurso y recibe inversión, tecnología, producción, regalías e impuestos a cambio de explotarlo. Petróleo enterrado durante décadas no produce NADA; ni riqueza, ni empleo ni bienestar. El verdadero saqueo ha sido tener las mayores reservas del planeta y mantenerlas improductivas mientras Venezuela se convertía en el país más pobre del mundo.
3. “Están comprando reservas soberanas que son invaluables.” No. Una reserva petrolera no vale en el subsuelo el precio del barril en Houston. Hay que descontar CAPEX, OPEX, riesgo geológico, transporte, mejoramiento, financiamiento, impuestos, regalías y décadas de producción. Confundir reservas con barriles producidos y vendidos es un error económico elemental.
¿Tiene este acuerdo problemas y matices? POR SUPUESTO. Nace dentro de una transición nacional iniciada el 3 de enero, tiene elementos jurídicos y políticos inéditos, probablemente requerirá protección militar estadounidense y puede terminar desplazando progresivamente el control que durante décadas ejerció el régimen sobre la industria petrolera.
Es, por definición, un arreglo híbrido de transición.
Eso es precisamente lo que hay que estudiar seriamente.
Pero declarar IRRESPONSABLEMENTE que todo es “ilegal”, “robo” y “entrega de la soberanía”, sin siquiera conocer el acuerdo, puede tener una consecuencia gravísima: espantar inversiones, impedir contratos, bloquear la recuperación petrolera y, en general, PARALIZAR LA RECONSTRUCCIÓN.
Ese camino NO ES PATRIOTISMO.
Es profundamente irresponsable y sobre todo, ANTI-PATRIÓTICO.
Vamos a hablar claro de lo que viene para Venezuela.
La secuencia es distinta de lo que algunos están imaginando:
Años 1–3: llegan decenas de miles de millones de dólares de inversión privada: taladros, pozos, oleoductos, mejoradores, infraestructura, electricidad y servicios. Primero entra dinero a Venezuela. Empleo, demanda de servicios en zonas petroleras. Deployment de empresas.
Años 2–5: esa inversión empieza a convertirse en nueva producción petrolera. Los inversionistas todavía están recuperando enormes desembolsos de capital. Pagan regalías e impuestos pero descuentan las inversiones.
Años 3 en adelante: con cada barril producido y vendido empiezan a fluir regalías, impuestos y demás ingresos petroleros para Venezuela, que aumentan a medida que crece la producción. Sigue el negocio por muchos años.
Es decir: INVERSIÓN → PRODUCCIÓN → INGRESOS → REGALÍAS E IMPUESTOS.
No llegan unos tipos mañana, mágicamente cargan 65.000 millones de barriles en un barco y se van. Estamos hablando de un proceso de inversión y producción que va a durar décadas.