Tengo la sensación de que los argentinos tenemos dificultades de auto percepción. La selección de 2026 no perdió hasta ahora ningún partido, no tuvo que recurrir a la definición por penales, Messi hizo menos goles que en este campeonato y llevamos ahora la misma cantidad de goles que en 2022, sin embargo por alguna razón misteriosa aquella era una selección imparable y esta es frágil. A la luz de los hechos verificables no parece ser cierta esta afirmación. No estaremos siendo más exigentes de la cuenta?. No será que no somos el equipo perfecto que creemos tener ?. Yo creo que esta selección es fabulosa, elogiable y al mismo tiempo profundamente humana e imperfecta lo que la hace mas adorable. El delirio es creer en la perfección, endiosar a simples mortales, exigirles lo que en nuestras propias vidas no somos. Celebro el rendimiento de este plantel, el liderazgo de su técnico y lo hago en la convicción de que cometen errores y diseñan genialidades. Esa ambigüedad los hace reales. La leyenda del mundial perfecto es una fantasía en la que solo pueden creer quienes viven en un mundo paralelo. Son los que se olvidan del partido con Peru del 78, de la mano De Dios del 86 y de la derrota contra Arabia en 22. A seguir aplaudiendo a estos muchachos que ponen lo mejor, cuando ganan y cuando pierden. Ya es hora de abandonar ese exitismo berreta que tanto altera nuestras percepciones. Vamos Argentina.
Carta abierta a Messi:
Ayer estuvimos a doce minutos de que a mi generación —la que empezó a ver fútbol y creció viéndote jugar— se le apagara el último pedacito de infancia que todavía sigue vivo.
Porque, aunque los años pasen, cada vez que jugás volvemos a ser esos chicos que se sientan dos horas frente a una pantalla, completamente hipnotizados, como si el tiempo no hubiera pasado.
Porque vos, Lionel, sos mucho más que el mejor futbolista de la historia. Para muchos de nosotros, sos nuestra infancia.
Fueron cientos de miércoles de Champions pegados al sillón, alentando a un equipo que estaba a trece mil kilómetros de casa solo porque jugabas vos. Fueron fines de semana en los que había dos preguntas obligadas: "Papá, ¿cómo salió el Barça?" y, enseguida, "¿Cuántos goles hizo Messi?".
Y ayer, cuando el reloj marcaba los 78 minutos y el marcador decía 0-2, sentimos por primera vez que quizás se terminaba para siempre eso que nos acompañó durante casi veinte años. No era solo un resultado. Era el miedo a despedirnos de la última conexión intacta con la etapa más feliz de nuestras vidas.
Pero, una vez más, nos recordaste por qué nunca hay que dejar de creer. Porque cuando parecía que la historia se terminaba, apareció ese espíritu que tantas veces nos hizo levantarnos del sillón para gritar un gol con el alma. Y, de repente, otra remontada. Otro imposible. Otra página que solo vos podías escribir. La rutina de lo extraordinario
Gracias por seguir regalándonos esa sensación que ya casi no existe en la vida adulta: la de ilusionarnos como chicos. Gracias por hacer que, por un rato, desaparezcan las preocupaciones, el trabajo, las obligaciones y los problemas. Gracias por conseguir que millones de personas vuelvan a sentir exactamente lo mismo que sentían cuando tenían diez años.
El día que decidas dejar el fútbol, Se va a cerrar el capítulo más lindo de la infancia de millones de personas.
Y eso es mucho más grande que cualquier título, cualquier récord o cualquier Balón de Oro.
Gracias por todo, Lionel.