Uno de los regalos más bonitos que alguien puede darte es devolverte, con sus acciones, la capacidad de confíar nuevamente, sin necesidad de prometerte nada con palabras.
Los vínculos no se sostienen únicamente con sentimientos; también necesitan presencia, atención y pequeños gestos que demuestren que seguimos eligiendo cuidarlos. Porque querer a alguien también implica estar, escuchar y hacer espacio para esa persona en nuestra vida.