ㅤㅤ𝑙a 𝑆UPERIORA ( junior, #hhsq ); ¿Qué es lo que pasa cuando vemos algo blanco?, le preguntó sin esperar una respuesta. Que sabemos que se va a manchar.
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𝔜ou love your purity, you love your mirror—you are just like a little virgin, you walk around with your hands in front of you as though you had some precious metal... down there between your legs!
ㅤㅤ⸻ 𝑃. 𝔇AVENPORT, icono inmaculado; la déspota ilustrada de Tri-Delta.
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@XC0NTROL_ compartir el agua caliente con nadie.
Se arrebujó bajo su albornoz para cubrirse mejor.
—Me has asustado —añadió, más suave, como si no fuera obvio. Pero sus ojos eran incisivos mientras recorrían a la muchacha—. ¿Qué haces aquí tan pronto?
—¡Jo-…! ¡Sarah!
La última sílaba ascendió media octava; un intento de cambiar el pánico indignado de su voz por un tono de agradable sorpresa, como si @XC0NTROL_ fuera una amiga de la infancia con la que se hubiera topado en el cine, y no una novata con carita de ratón »
@XC0NTROL_ observándola salir de la ducha a las cinco y media de la mañana. El vapor se alzaba espeso entre ellas, un eco de la niebla que todavía cubría el campamento allá afuera. Poppy sólo se sentía limpia cuando se escaldaba. Por eso lo hacía a aquellas horas, cuando no tenía que »
Se había arrimado a @SPO0KYSEAS0N en el embarcadero (tac, tac, tac: sus botas contra las tablas la anunciaban, como hacía siglos habrían hecho las trompetas ante los cortejos reales), desde el cual el muchacho miraba al agua con tal fijeza que podía imaginarlo arrojándose »
@SPO0KYSEAS0N dentro para atrapar algún pez monumental o un resfriado.
—Tendremos que pescarte, si te tiras. O si te tiran… habrás escuchado historias.
Y una sonrisa de intrigante. Había ido allí buscando a Allistair, pero costaba muy poco volver al papel de monitora delante de un novato, »
@nevercnder revisara, aun sabiendo que no encontraría faltas. Llevaban más de media tarde trabajando juntas. El polvo se le pegaba a la piel.
—Dios, necesito una ducha.
El sol ya estaba muy bajo en el horizonte cuando Poppy trazó un último “15” contra su plancheta (quince capas negras, no en el plástico chirriante de las tiendas de Halloween, sino en un tejido decente). Se permitió un suspiro satisfecho. Revisar el inventario de atrezzo y »
vestuario cada año era una tarea tediosa, pero Poppy disfrutaba del producto final: las líneas pulcras y apretadas —tenía la misma mano que su abuela, esa cursiva anacrónica—, y la columna rectísima de cifras que las escoltaba. Le entregó el registro a @nevercnder, para que »
—¿Esperas a alguien, Nico?
Poppy no era una mujer alta, pero, con @0BLlVlAT3 sentado en los escalones que conducían a la cabaña de las chicas y encogido como un perrillo lastimero, era fácil parecerlo. Lo observó desde el umbral. Ya lo había visto rondando a un par de »
—¿Sí?
Era un interés perezoso, el suyo, como de gato. Creía saber por dónde iba la historia: ya eran tres años de historias alrededor de la hoguera (y en las pijamadas Tri-Delta, y en todo el resto de tradiciones de la sororidad que involucraban jugar a asustarse, que eran »
bastantes). Así que se entretuvo abriendo pulcramente la bolsa de malvaviscos, sólo para tendérsela a Abigail. Enseguida, recostó la cabeza contra el hombro de su compañera. Ambos eran gestos de aliento y, a la vez, de familiaridad: la que podían permitirseas hermanas.
—¿Y »
Cruzó una mirada con su hermana Tri-Delta; la sonrisa todavía cálida, las cejas apenas arqueadas. “No te amilanes ahora”, ordenaban sus pupilas. No frente a una novata con ínfulas. El campus era menos que un pañuelo (de esos de bolsillo, bordados, que le gustaba ver asomar del »
novias de alguien o exes de alguien o parientes de alguien.
—Empieza tú, Marley —dispuso, satisfecha de que la menor hubiera picado el anzuelo. De veras era fácil de provocar—. Tienes cara de que se te dan bien.
Esto es: tenía la apariencia vagamente tétrica de una muñequita »
novata:
—Pues, si no tienes miedo, arrímate.
Lo dijo con su sonrisa implacablemente cordial, que retaba: "¡desdéñame, si te atreves!"
—He traído malvaviscos.
Ladeó la cabeza, apretando los labios en un mohín que pretendía ser solidario. Poppy no había vivido “el incidente”, como lo llamaba para sus adentros, sólo su eco. Igual que una ve ondas en un estanque y sabe que alguien ha arrojado una piedra, aunque ya se haya hundido, pero »
no sabe de quién era la mano ni cómo era la piedra. Así que había aprendido a navegar esas secuelas a tientas.
Enganchó su codo al de Abigail para guiarla, no sin gentileza, hacia el fuego.
—Nos cuidamos entre nosotras, ¿hm? —murmuró, sólo para ella. Luego, más alto, para la »