Llevar al trabajo el libro al que estás enganchado aunque sepas que no vas a poder leerlo por si acaso, por la pura posibilidad, por si sucede una hecatombe.
Me hicieron una pregunta rara e incómoda: ¿Qué hago con mis libros después de leerlos?
Siento que esperaban que contestara: regalarlos.
Pero no, mi bondad no llega a tanto. Los acumulo, me acompañan, se amontonan y juntos forman una de mis palabras favoritas: biblioteca.
Si vos me mandas un audio y yo te contesto con texto y vos me mandas otro audio y yo te contesto con texto y vos me mandas un audio de nuevo hay algo que no estás entendiendo la concha bien de tu padre
Leer un libro en la cama es peligroso porque en algún momento dejas de leer y empiezas a mirar la misma página mientras creas una vida completamente diferente en tu cabeza.
La ausencia es el problema, la casa se siente totalmente vacía. No se puede expresar en palabras el sentir, solo se que habita en mi una pena muy grande en el alma, que a veces hasta cuesta respirar.