Trabajas 8 horas para vivir 4.
Trabajas 8 horas para comer en 15 minutos.
Trabajas 5 días para disfrutar 2.
Trabajas todo el año para tener 28 días de vacaciones.
Y aun así, la gente llama a esto “VIDA”.
La infancia de tu hijo no vuelve... y tampoco vuelve esa mamá primeriza que estás siendo ahora, con todos sus miedos, tropiezos y descubrimientos. Nadie nos enseña a maternar, y como todo aprendizaje, conlleva logros y caídas. Sé amorosa contigo misma como lo eres con tus hijos. Tú también estás aprendiendo.
Cuando das a luz, el momento más mágico sin lugar a dudas es el piel con piel. Cuando te ponen a tu hija encima y ves que automáticamente se calma. Porque está con mamá.
Como madre, una de las mejores sensaciones es tomar a tu bebé y sentir que eres su lugar seguro.
Criar te cambia el cerebro. Desde que soy mamá, aveces se me olvidan las palabras. Me cuesta terminar frases... Y me pregunto si sigo siendo igual de lista. Pero no es que haya perdido algo. Es que ahora mi mente está ocupada: horarios, pendientes, llantos, alertas.
Todo a la vez.
No es una falla.
Es maternidad.
Tu cerebro no está roto.
Está ocupado criando.
La persona con la que te cases va a ser la persona que te acompañe post-parto, la persona que este cuando tus papás se vayan de este mundo, la que te bañe cuando no puedas ni levantarte, y la que te seguirá amando cuando el físico se acabe, por eso debés elegir bien
"Las tradiciones no nacen solas; se heredan, se siembran y se abrazan. Si hoy amas la Navidad, no es por los regalos o las luces, es porque en algún momento, alguien que te amaba te cogió de la mano y te mostró su magia. Tal vez fue una abuela que preparaba galletas, un padre que ponía la estrella en lo alto del árbol, una madre que encendía velitas mientras cantaba, o un maestro que te enseñó a creer en la bondad.
Las tradiciones son hilos invisibles que vienen de nuestros ancestros.
Hilos tejidos con historias, risas, canciones y pequeños rituales que se quedaron para siempre en el corazón. Por eso, cada Navidad no solo celebramos una temporada, celebramos a quienes nos enseñaron a amar esta época. Celebramos a quienes ya no están, pero siguen presentes en nuestra memoria.
Celebramos a quienes continuarán el legado después de nosotros. Porque al final, la Navidad no es un día: es el eco de un amor que viaja generación tras generación."