Cuando le sugerí verle tener un encuentro con otro hombre, se bloqueó por un instante, pero asintió; ambos siempre cedemos por el otro. Mientras nos entregábamos a la pasión, busqué estimularle con caricias muy íntimas, anales, que sabía que le mantenían erizado en todo momento.
Cuando el juguete entró con facilidad, le pedí cambiar de posición para sentir yo también el otro extremo. Experimentamos una conexión única, transmitiéndonos el placer mutuo. Es una maravilla compartida y libre de tabúes que sin duda recomiendo probar en pareja. Adios prejuicios