Me van a perdonar la hora, pero va mi descripción de todos los simbolismos políticos que Bad Bunny transmitió en el Súper Bowl.
En pleno retorno del brutal imperialismo, con ICE arrestando personas por el simple hecho de verse “latinas”, BB abrió el Súper Tazón (nombrándolo así, en español) y dejando claro, en cursivas, que este era su show: “BB presenta”. De nadie más.
BB comenzó con un despliegue de iconografía boricua: el dominó, el azúcar y hasta la rivalidad Mex–PR en el box.
Para quien conoce la región (nosotros, los latinos) cada ícono fue un guiño a la historia colonial de nuestros países y a cómo la desigualdad sigue afectándonos hoy en día. Por ejemplo, BB muestra cómo la venta de oro permanece como forma de ahorro para las clases excluidas del sistema financiero.
La referencia más frontal a la política migratoria de Trump aparece cuando un niño que representa a Liam Conejo (el niño arrestado por ICE en Minneapolis) mira en la TV el discurso de BB en los Grammys (donde BB dijo “ICE out”) y recibe de manos de BB el Grammy, mientras éste le dice: “esto es para ti”.
Pero no es la única.
Su canción “Nuevayol” es en realidad una referencia a la “colonización inversa” que los latinos han hecho de la capital financiera de EE. UU., donde barrios enteros son ya epicentros de la fiesta latina.
“Aquí estamos”, grita BB en algún momento del concierto, como quien confronta a quienes desean borrar la pluralidad del país.
Así, el medio tiempo transcurre entre críticas a la turistificación (cantando que no se repita lo ocurrido en Hawái), al abandono energético de Puerto Rico (la explosión de transformadores a la mitad del concierto) y al conservadurismo racista.
Lo mejor: todo con referencias tan sutiles que queda la duda de si los trumpistas siquiera se dieron cuenta.
BB también celebra la historia contemporánea de los ritmos latinos (cantando un fragmento de “Gasolina”), la primera generación de artistas latinos que abrieron brecha en EE. UU. (como Ricky Martin) y a quienes lo hacen hoy (como varios de los que bailan en “la casita”).
Lady Gaga aparece en escena, pero interesantemente, solo para entretener en una boda latina. El mundo al revés. Por unos segundos, el poder parece cambiar de manos: ya no son los latinos quienes entretienen y los blancos quienes observan, sino al revés.
Al cierre, BB reivindica el concepto de América como continente (no como país) y sale del escenario sin terminar su famosa frase “debí tirar más fotos”, en lo que parece una referencia a que todo lo bueno termina, incluyendo el evento culturalmente histórico que esta noche se vivió.
Julio Cortázar se levantó un día muy tranquilo y escribió: ‘se puede matar todo menos la nostalgia, la llevamos en el color de los ojos, en cada amor, en todo lo que profundamente atormenta y desata y engaña’.
Bad Bunny no ganó el Grammy por moda. Ganó porque hizo memoria colectiva.Por primera vez en la historia de los Grammy, un álbum completamente en español ganó el premio más importante de la noche. Es una señal. La industria no premió un idioma. Premió una verdad emocional que cruzó fronteras.
DTMF Es un proyecto artístico que mira hacia adentro y hacia atrás. Mezcla plena, bomba, salsa y sonidos urbanos no para innovar por capricho, sino para anclarse en la identidad puertorriqueña y, desde ahí, hablarle al mundo.
El título del álbum lo explica todo. “Debí tirar más fotos” Habla de arrepentimiento cotidiano. De no haber estado lo suficientemente presente cuando la vida estaba pasando. En una era de historias que duran 24 horas, este disco se pregunta qué pasa con lo que no grabamos, con lo que dimos por sentado, con la gente que creímos eterna.
Por eso conectó. Porque no idealiza el pasado. No dice que todo tiempo pasado fue mejor. Dice algo más incómodo y más honesto: el pasado fue real y no lo cuidé como debía. Y ese gesto es profundamente adulto.
Además, llegó en el momento exacto. Después de la pandemia, de duelos no resueltos, de migraciones, de familias partidas y de una vida acelerada, millones de personas están revisando su archivo emocional. A quién no llamaron. Qué normalizaron y ya no está.
Musicalmente, el disco hace algo aún más inteligente. No persigue el hit inmediato. No suena a tendencia. Suena a memoria. Tiene silencios, atmósfera, textura.
En el fondo, Bad Bunny ganó porque hizo algo cada vez más raro en la música popular: no habló de éxito. Habló de tiempo. Y el tiempo es el único tema que nos iguala a todos.
Y cuando un álbum logra decir eso sin gritarlo, sin adornarlo y sin venderlo, no se vuelve viral por algoritmo. Se vuelve inolvidable.
Bad Bunny says "ICE OUT" at the #Grammys and receives a massive standing ovation:
"We are not savage, we are not animals, we are not aliens, we are humans and we are Americans. The hate gets more powerful with more hate. The only thing that is more powerful than hate is love. So, please, we need to be different."
(via CBS and The Grammys)
Mientras algunos demuestran aquí su psicopatía, su maldad o su odio, la gente de Adamuz y los pueblos cercanos corren con mantas, bocatas, tilas, caldos y lo que sea necesario. Porque la gente buena es más, siempre es más, pero hace mucho menos ruido. Mi pésame a los fallecidos.
Hoy EEUU ha invadido Venezuela y ha secuestrado a Maduro.
En este hilo voy a intentar explicar por qué la historia del arte es fundamental para entender las comunicación política del presente.
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La primera escucha de Lux: no me ha encantado. Me suena a banda sonora de Disney, lo que traduzco como: nada nuevo y que no creo que me vaya a poner a diario. A ver qué tal tras unas cuantas reproducciones…
La cuenta del Carrefour: Su contraseña debe contener más de 9 caracteres, mayúsculas, minisculas, caracteres alfanuméricos, una expresión grecolatina, tres fonemas del norte del Cáucaso y la partitura de lo nuevo de Rosalía.
Los servidores del Louvre: Dale con Louvre, bastará.