Es difícil hacer entender a nadie lo que era el fútbol para Mircea Lucescu. Fue un hombre que nació y murió para el fútbol, un animal futbolístico que no quiso parar porque el fútbol era su vida. Poseedor de una inteligencia nata supina. Políglota. Amante de la cultura.
Le marcó conocer y medirse al Brasil de Pelé. Le fascinó el fútbol brasileño en sus visitas allí, algo que se plasmó décadas más tarde en su 'Shakhtar brasileño'.
El fútbol rumano pierde un referente. Al hombre que hizo debutar a Hagi con Rumanía a los 18 años y al seleccionador de hace dos días.
Descanse en paz.