Cuando hace frío no hay moscas, no sudas, duermes bien, te abrigas con tus chamarras más bonitas, tomas chocolate con pan, andas de mejor humor y confirmas que el frío es de las cosas más bonitas de la vida.
Hay personas que te dicen: “No tengo mucho para ofrecerte”, pero te hacen feliz, te hacen reír, te dan paz, te acompañan en tus momentos difíciles y te dan amor. Y parece que no saben que eso es lo mejor que alguien puede ofrecerte.
Un día dejas de ver estados, respondes tarde, desactivas el visto, no abres los chats, dejas de hablar en los grupos y ya no hay vuelta atrás. Se convierte en un hábito y luego en un estilo de vida.
Somos bendecidos más veces de lo que creemos. Volver a casa después de un día largo, preparar la comida, tener un lugar donde descansar, salud para dormir en paz y fuerzas para despertar al día siguiente.
Eso que llamamos rutina es, en realidad, una forma silenciosa de abundancia.
Estás por tu cuenta, sin pareja, sin ayuda, sin plan B, sin distracciones. Solo tú y tus ganas de salir adelante, enfocándote en arreglar tu vida. No lo sabes todavía, pero ya estás ganando.