Me quedé esperando un "te extraño", un "vamos a hablar" o al menos un "espero que estés bien". Esperé una señal, por mínima que fuera, pero tu silencio absoluto fue la respuesta más clara y dolorosa que me pudiste haber dado: jamás te importó tanto como a mí.
nunca juzgaré a una persona que se rompe y comienza a llorar por algo pequeño, porque sé muy bien que no está llorando solo por eso, sino por todo lo que ha estado aguantando hasta ese momento