< creer?
Se ha reído en su cara, menos mal que se lo suele tomar todo con humor.
Se ha sentado en la mesa de su despacho con las piernas arriba descaradamente.
—El caso es que nadie puede saberlo. ¿Cómo sé que no vas a decir nada, Aristóteles? No te sabes callar la boca.
—Los dioses son tremendamente caprichosos.
Claro que no le cree, como el cuento del pastor que siempre mentía. No se sabía hasta qué punto Blair estaba diciendo la verdad.
Y cuando la decía, sonaba inverosímil.
—Hah. ¿Y para qué me preguntas entonces si no me vas a
< literal de lo que es.
—Blair es un personaje, un personaje de una de mis historias.
Sigue sonriendo.
—¿Qué mas quieres? Lo demás es asunto mío, querido. No va a cambiar nada que lo sepas. Ni tampoco te lo voy a decir, así que te tendrás que quedar con la eterna duda.
—Eso no tiene nada que ver. Podría ser una mujer.
El caso no está en ese, sino en su verdadera identidad. A los dioses no le gusta que vaya enseñando lo que consideran de ellos.
—Me lo ordenan desde arriba.
Con lo práctico que es él, seguro que se lo tomará menos
La pregunta hizo que desviase la mirada y suspirara otra vez, el tema le estaba incomodando.
Pero era normal, no se lo había contado a nadie.
Estaba dando con el zapato en el suelo repetidas veces.
—Porque mi papel aquí es ser director de Akademos. No soy humano,
—... Es que tengo uno. Pero me da igual si me tratas de hombre o mujer. Bueno, igual no, ahora mismo prefiero que me digas de él.
Porque tiene una identidad que ocultar básicamente.
Pero vamos, cuando ha dicho aquello ha suspirado, no cree ni que lo entienda.
—Déjalo,
todo, pero no me considero hombre o mujer.
A ver si le quedaba claro eso, pero con lo mente cuadrada que era Paravoli, lo mismo no lo entendía.
—Solo que aquí solo soy la mitad —solo hombre—. Por conveniencia del guión.
Terminó sonriendo, indescifrable como siempre.
—Claro que lo es, como dos hombres se enamoran, ¿es que no te parece enternecedor?
Ya sigue con sus cuentos, aunque cuando le ha preguntado directamente por eso, ha fruncido ligeramente el ceño.
Ha elevado el índice.
—Primero... yo no oculto nada. Bueno, no del
—Estás de coña, no me voy a tomar eso por voluntad propia.
Que tampoco es tonto, qué se cree. Una cosa es que se lo haga y otra el que le siga el rollo con todo.
Otra vez ha rodado los ojos...
En realidad Blair no suele mostrar molestia de normal, pero aquello le está
superando un poco.
—Qué poca clase tienes. Como se nota que no te has leído Given.
Se va a acercar a él, con una sonrisa leve, para darle otro par de palmaditas.
—Pues que tengo un par de tetas, ¿qué más quieres saber? Igual que el otro día tú te pusiste cachondo y
< alumnos.
Eso sí, cuando escuchó lo de la conversación pendiente, hizo aspavientos con la mano.
—¿Ahora? Tengo un manga yaoi que estoy a punto de acabar. Si no tienes nada más interesante que una historia donde dos hombres se comen la boca, creo que paso.
... vaya con la puya, casi que le ha tintineado la ceja cuando lo ha dicho.
—Si no fuese un director misterioso, ¿qué gracia tendría esta academia?
Como siempre... se ha llevado la mano a la zona del pecho, con un gesto bastante extravagante.
Ya que le ha dado permiso,
< va a coger y a enrollar el mapa, tiene pensado llevárselo y reunir a las piezas para esa reunión. Es un payaso, pero hace su trabajo.
—Ahá... ¿y qué se supone que hace? No querrás que me la tome, ¿no?
Que ya se espera de todo, dado que le explicó que experimentaba con sus
—¿Y entonces para qué se supone que he venido? ¿Para que me enseñes lo listo y lo cobarde que eres?
Ha sonreído de forma ladina mientras mira el mapa.
Desgraciadamente, sus mariposas para espiar no llegan tan lejos.
—Hmn... sí, deber de deberíamos... que me da tremenda
< pereza también.
Se ha rascado la nuca pensando sobre el tema.
—Supongo que tendré que reunirme con las Piezas de Arcadia.
El consejo de Arcadia, se refiere.
—Me dejas el mapa, ¿no? Lo que tienes en la mano no hace falta, no quiero saber de donde te has sacado ese líquido