Última jornada en París. 19.30hs de un sábado. Toque de queda. Cuarta ola. Calles desiertas. Misma postal en Roma.
La pandemia golpea en todo el mundo. Y la responsabilidad de los gobiernos es cuidarnos. Actuando con firmeza cuando situaciones tan delicadas lo requieren.
He visto en los últimos días distintas expresiones que expresaban malestar, atribuyéndome haberme referido en mi discurso público a cierto “relajamiento” del personal médico y paramédico en la atención sanitaria durante la pandemia.
Lamento la conducta de quienes en circunstancias tan cruciales como los que vivimos, muestran su poco apreciable condición humana intranquilizando a la sociedad en momentos en que precisamente más necesita ser contenida.
Formulo estas aclaraciones tan solo ante la malintencionada campaña que se ha desatado en redes y medios de comunicación induciendo a hacer creer a la ciudadanía que el Gobierno prepara una salida masiva de gente detenida en virtud de procesos penales.
Es conocida mi oposición a ejercer la facultad del indulto. Digo esto en momentos en que una campaña mediática se desata acusando al Gobierno que presido de querer favorecer la libertad de quienes han sido condenados
Les pido la máxima responsabilidad con este tema tan delicado. No agreguemos más temores a la población. Al igual que el Gobierno Nacional, nuestro único plan es seguir trabajando para cuidar la salud y la vida de todos y todas.
El Poder Judicial tiene esas atribuciones y respeto plenamente la división de poderes. Desde que asumí no nombré jueces, ni promoví cambios en la Suprema Corte, ni nombré al Procurador. Tanto él como los defensores oficiales y los fiscales continúan desde la gestión anterior.
Es absolutamente falso que exista un plan del Gobierno de la provincia de Buenos Aires para “liberar masivamente presos”. Pero además, es totalmente inverosímil porque pura y simplemente el Poder Ejecutivo no encarcela, ni libera ni decide libertades condicionales.
Se van pero dejan 41% de pobreza, el 59% de pobreza infantil y el 10% de indigencia.
Se van, pero dejan el 12% de desempleo, el 55% de inflación y un país endeudado por generaciones.
Se van, más enriquecidos y soberbios de lo que llegaron. Pero se van. Y hoy, eso es suficiente.
Gracias a todos y a todas por el apoyo y los mensajes de cariño. Empieza una nueva etapa y tenemos el desafío de poner a nuestra querida Argentina nuevamente de pie. Sé que cuento con ustedes. Cuenten conmigo.
Se ha instalado una nueva moda en Latinoamérica: parece que a los Presidentes ya no los eligen los pueblos... Ahora, se autoproclaman con gran patrocinio mediático e inmediato reconocimiento de ya sabemos quién. Lo curioso, además, es que dicen hacerlo en nombre de la democracia.