Después de saberse que @sanchezcastejon trucó las primarias, NADIE en el @PSOE pide su cabeza, ni montan en cólera. ¿por qué?
Os lo explico con una escena del Lazarillo de Tormes:
En una ocasión Lázaro y el ciego deciden comerse un montón de trozos de pan, estableciendo que cada uno cogerá un trozo, alternativamente, para comer la misma cantidad. Todo va bien hasta que Lázaro ve que el ciego comienza a tomar los trozos de 2 en 2.
El chaval, viendo la trampa, comienza a comer los trozos de 3 en 3.
En un momento dado el ciego le pega un bofetón al niño y le tira al suelo, y éste, sollozando, le pregunta al ciego:
- maestro ¿por qué me pega?
- te pego porque estás comiendo los trozos de 3 en 3
- ¿por qué dice eso maestro?
- Lo sé porque yo los estoy comiendo de 2 en 2 y tu te has callado
@PSOE Nido de rufianes
La gran coartada arbitral
El sindicato arbitral ha hablado.
Y lo ha hecho mal.
No para aclarar.
Sino para cerrar filas.
No para explicar hechos.
Sino para negar la evidencia.
Porque cuando una organización responde con consignas y comunicados largos, pero evita los autos judiciales, no está defendiendo la verdad.
Está construyendo una coartada.
Dicen que no hay corrupción arbitral.
Lo repiten.
Lo subrayan.
Lo proclaman.
Pero no lo dicen los jueces.
Un Juzgado de lo Penal ha hablado de corrupción sistémica en el sistema arbitral español.
No es una metáfora.
No es una opinión.
Es una calificación judicial.
Cuando un juez utiliza esa expresión no está atacando a personas.
Está describiendo un funcionamiento estructural, prolongado en el tiempo, con efectos reales sobre la competición.
Eso es lo que el sindicato evita.
El índice que decidía carreras
No lo ha dicho el Real Madrid.
Lo han declarado los propios árbitros.
Existía un índice corrector.
Así se llamaba oficialmente.
Aunque dentro tenía otro nombre: índice corruptor.
Ese índice no medía solo errores.
Decidía ascensos, descensos y permanencias.
Decidía quién seguía en Primera.
Y quién desaparecía.
Si ese índice estaba contaminado -y hay indicios judiciales claros de que lo estaba-, el efecto es inevitable: la élite arbitral actual es, en buena parte, heredera directa de ese sistema.
No por culpa individual.
Por arrastre estructural.
Eso también es corrupción sistémica.
Después de Negreira, también
El sindicato sostiene que todo terminó con la salida de Negreira.
No es verdad.
Dos sentencias firmes de la jurisdicción social, dictadas ya con Negreira fuera del sistema, describen manipulaciones acreditadas en el funcionamiento del VAR.
No opiniones.
Hechos probados.
En el caso de la expulsión de Vinícius, ambas resoluciones coinciden:
el árbitro principal cambió su decisión tras visionar imágenes incompletas y sesgadas suministradas desde el VAR, omitiéndose deliberadamente las secuencias previas en las que el jugador era agredido.
El propio Comité de Competición habló de “base fáctica alterada y parcial”, de “omisión de un trámite indispensable” y de una decisión “arbitraria”, adoptada porque al colegiado le fue hurtada una parte determinante de los hechos, lo que vició radicalmente la decisión arbitral.
La segunda sentencia va más allá.
Acredita que no fue un hecho aislado.
En otro partido decisivo, el VAR mostró imágenes que no permitían verificar un gol, ocultando otras que sí acreditaban que el balón no había entrado.
El resultado fue irreversible:
un club descendió.
Eso no es presión externa.
Eso no es un error humano.
Eso es manipulación del material decisivo que condiciona el resultado.
Y no lo dice un club.
Lo dicen los jueces.
El Tribunal Administrativo del Deporte
También ha hablado el TAD.
Y cuando habla, incomoda.
Ha reconocido la existencia de un clima real de sospecha, no inventado.
Ha validado que las críticas institucionales, incluso duras, no son sancionables cuando se apoyan en hechos objetivos y resoluciones oficiales.
Eso desmonta otra coartada: la de que toda crítica es violencia.
No.
La crítica fundada es control democrático.
Y luego está la rueda de prensa.
“Vamos a tener que empezar a tomar medidas.”
“No vamos a seguir permitiendo lo que está pasando.”
“Vamos a hacer historia.”
No fue una metáfora.
Fue un mensaje.
¿A quién iban dirigidas esas medidas?
¿Contra quién?
¿Cuáles?
Nunca se explicó.
Crear un sindicato no es una medida.
Es un derecho.
Las palabras, en cambio, fueron otra cosa.
Especialmente dichas antes de una final y en referencia directa a un club concreto.
Negarlo ahora no borra el vídeo.
El problema no es el Real Madrid
El problema no es un club que pregunta.
Ni un canal que critica.
Ni una afición que desconfía.
El problema es un sistema que no se ha depurado, que se defiende en bloque y que reacciona como corporación, no como institución transparente.
Cuando un sindicato arbitral desmiente a los jueces,
no protege a los árbitros.
Los expone.
Porque la confianza no se exige.
Se gana.
Un último apunte
Quizá sería bueno que el sindicato dejara los comunicados grandilocuentes
y se dedicara a lo que se espera de un sindicato.
Por ejemplo:
a preocuparse de que todos aquellos que perciben pagos recurrentes del CTA o de la Federación
estén debidamente dados de alta,
con su encuadre laboral claro
y sus cotizaciones en regla.
No es una acusación.
Es una pregunta.
¿Puede el sindicato asegurarlo?
Porque si no puede,
tal vez el problema no sea la crítica.
Tal vez el problema sea otro.
L REAL MADRID Y EL FISCAL ACORRALAN A LAPORTA MIENTRAS LALIGA Y LA RFEF SE QUITAN LA CARETA
La declaración de Joan Laporta ya pertenece a los hechos.
Y lo que ha dejado tras de sí es una certeza devastadora: cuando el Real Madrid entra con bisturí, no queda espacio para el relato.
Florentino Pérez lo había advertido: “Esto no es normal”.
Ayer se confirmó con precisión clínica.
El Real Madrid desplegó sus preguntas -todas basadas en hechos acreditados y en el interrogatorio preparado al milímetro- con un propósito claro: mostrar lo que Laporta no podía explicar.
Y así fue.
Porque Laporta no puede responder cuando cada respuesta abre otra grieta:
No puede explicar por qué los pagos crecieron un 800 %.
No puede explicar por qué se aceptaron actas fiscales que calificaban los pagos como meras liberalidades.
No puede explicar por qué el club ocultó información a Hacienda, a Fiscalía, al compliance y hasta a sus propios auditores.
No puede explicar que el primer encargo “documentado” fuera una factura por “packs de aloe vera”.
No puede explicar un Mundial analizado… antes de jugarse.
No puede explicar que los “informes técnicos” incluyeran información privada de árbitros, imposible de obtener sin influencia interna.
No puede explicar por qué un hijo que dice “no saber nada de los pagos a su padre” era, según el club, el autor de unos informes que él ha reconocido cobraba por otro lado.
No puede explicar cómo un analista en Turquía podía simultáneamente analizar la Liga española.
Estas fueron las preguntas del Real Madrid.
Preguntas directas.
Preguntas simples.
Preguntas devastadoras.
Preguntas que revelaron que la declaración de Laporta no fue una declaración: fue un inventario de imposibles.
Un campo minado que él mismo había sembrado y que ahora estalla bajo sus pies.
Pero la causa añadió algo más.
Algo todavía más destructivo para el relato oficial.
Ernesto Valverde declaró ante el mismo juzgado.
Y fue tajante: nunca nadie en el F.C. Barcelona le ofreció informes arbitrales.
Nunca supo de su existencia.
Nunca él ni nadie de su cuerpo técnico los recibió, los pidió o los utilizó.
Y no fue el único.
Luis Enrique Martínez también declaró.
Y dijo exactamente lo mismo.
Que no sabía nada.
Que nadie le entregó informe alguno.
Que nadie de su staff tuvo jamás acceso a esos supuestos análisis.
Dos entrenadores.
Dos etapas distintas.
Dos testimonios coincidentes.
Una sola conclusión.
No es una casualidad.
Es una prueba.
Porque si ni Valverde ni Luis Enrique —entrenadores del primer equipo— conocieron esos informes,
si ningún cuerpo técnico los utilizó,
si nadie los pidió,
entonces la pregunta ya no es deportiva.
La pregunta es otra:
¿para qué se pagaron millones durante años?
¿Para quién eran esos informes?
¿Y con qué finalidad real?
El patrón es evidente:
Nada encaja si no se acepta la verdad que Barcelona y Federación llevan años intentando ocultar.
Y Fran Soto -la apuesta de Rafael Louzán- pide públicamente y sin pudor olvidar.
El contraste no pudo ser mayor.
El Real Madrid preguntó para iluminar.
Mientras tanto, LaLiga apenas compareció.
Su abogado, Francisco Martínez, se limitó a una sola pregunta:
si era cierto que el hijo de Enríquez Negreira acompañaba a los árbitros al Camp Nou.
Una pregunta.
Solo una.
Cuando el procedimiento ofrecía decenas de flancos para una acusación real.
Y, como si el sarcasmo fuera poco, Javier Tebas aparecía a la misma hora en los medios dando lecciones de ética al entrenador del Sevilla.
La ética, esta vez, hubiera sido otra:
guardar silencio
y permitir que su abogado ejerciera una acusación seria, inquisitiva y exhaustiva frente a Laporta.
No ocurrió.
La ética es garantizar la integridad de la competición.
Algo que para Javier Tebas parece una quimera.
El partido de Miami es una prueba.
Y su negativa a llevar a efecto la reciente sentencia del Supremo que afecta al Fair Play financiero de los clubes, otra.
Peor aún fue lo de la Federación.
Personada como acusación, estuvo representada por la abogada Beatriz Seijo, que prefirió no formular ni una sola pregunta.
Ni una.
Vergüenza absoluta.
Y la vergüenza es mayor cuando se recuerda que Beatriz Seijo pertenece al círculo íntimo de Rafael Louzán y es miembro de la Junta Directiva.
Ejercer como abogada de la Federación en estas condiciones no es solo una anomalía:
vulnera el código de buen gobierno, la Ley del Deporte y el Real Decreto de Federaciones,
y evidencia una incompatibilidad palmaria.
El resultado fue tan claro como inquietante:
solo el fiscal y los abogados del Real Madrid ejercieron realmente la acusación.
La comparecencia de Laporta dejó expuesto que:
– Los pagos no tenían justificación técnica.
– Los supuestos informes no existieron como herramienta deportiva real.
– Los entrenadores del primer equipo —Valverde y Luis Enrique— no los conocieron ni los utilizaron.
– La relación con Negreira no fue un error, sino un sistema.
– La ocultación no fue un accidente, sino una práctica sostenida.
– La estructura de influencia arbitral fue real, constante y conocida por quienes debían detenerla.
– Y que LaLiga (Javier Tebas) y la RFEF (Rafael Louzán) han estado en el procedimiento como meras comparsas.
El caso Negreira ya no es una sospecha.
Es una realidad judicial, fiscal y federativa.
Y tras lo visto y oído en el juzgado, hay una conclusión que ya no admite rodeos ni maquillajes:
lo ocurrido no fue un exceso aislado, ni una irregularidad administrativa, ni una mala práctica puntual.
Fue un sistema.
Un sistema sostenido durante años.
Un sistema financiado con millones.
Un sistema ocultado deliberadamente.
Un sistema tolerado por quienes tenían la obligación de impedirlo.
Una corrupción sistémica.
La nota de LaLiga sobre la sentencia del Supremo, tan patética como su lema “Compromiso por la paz”: un espejo que refleja a Tebas
La Liga Nacional de Fútbol Profesional ha publicado una nota informativa sobre la sentencia del Tribunal Supremo.
Y es tan desconectada de la realidad que merece categoría propia en la literatura universal: fantasía jurídica con tintes autoparódicos.
Es el primer comunicado institucional que, tras ser desmentido por el Tribunal Supremo de arriba abajo, responde… como si hubiera ganado.
La negación de la realidad convertida en género literario.
Ya se sabe: “Compromiso por la paz”.
Porque la nota intenta vender serenidad donde sólo hay ruinas.
Pretende maquillar la palabra “ilegalidad” con frases vacías y diagnósticos de autoayuda institucional.
Ese tono de “todo está bien, no miren detrás de la cortina” que sólo utilizan quienes saben que la cortina está ardiendo.
En el lenguaje de Javier Tebas: “Compromiso por la paz”.
LaLiga asegura que la sentencia es cosa del pasado.
Que usaba una ley vieja.
Que ellos ya han reformado los estatutos.
Que el sistema funciona.
Que no pasa nada.
Que aquí no ha pasado nada.
Que sigan circulando.
“Compromiso por la paz”.
El problema es que el Tribunal Supremo no ha condenado una ley:
ha condenado una conducta.
Un diseño.
Un reparto.
Un mecanismo que perjudicó a 23 clubes y evaporó 88 millones.
Nada de eso cambia porque la Liga Nacional de Fútbol Profesional decida ponerse espiritual.
Ya se sabe: “Compromiso por la paz”.
La nota también intenta repartir culpas.
El momento estelar llega cuando señalan al Consejo Superior de Deportes.
Una maniobra tan burda que roza la ternura:
tras una década defendiendo su sistema como impecable, ahora insinúan que todo fue culpa del supervisor… por no detener a tiempo lo que ellos hicieron con entusiasmo.
Es el “Compromiso por la paz” aplicado a la responsabilidad institucional:
“Si hay un incendio, la culpa es de quien no apagó el fuego… no de quien lo provocó.”
Una filosofía impecable.
En un universo paralelo.
Y el remate final es antológico:
LaLiga se presenta como un “ecosistema global de referencia”.
Justo el mismo día en que el Tribunal Supremo ha certificado que actuó fuera de la ley.
Es como presumir de ser el mejor marinero del mundo mientras tu barco se hunde en directo.
La nota de LaLiga quiere transmitir calma.
Pero rezuma pánico.
Quiere proyectar firmeza.
Pero desprende vértigo.
Quiere dar imagen de control.
Pero es la prueba más clara de que han perdido por completo el control del relato.
Por eso, más allá de la sentencia -que ya habla por sí sola-, lo verdaderamente definitivo es el comunicado:
un documento que pasará a la historia como el acta notarial del desconcierto institucional de LaLiga.
Y como el espejo que por fin refleja a Javier Tebas:
su discurso, su estilo, su manera de gobernar y su desconexión absoluta de la realidad.
Y ante semejante espectáculo retórico, la conclusión es tan inevitable como sencilla:
Tebas debe dimitir.
No solo por la sentencia.
No solo por la censura.
No solo por la nota.
Por todo.
“Corrupción en la Federación”: el Bernabéu no se calla
El fútbol español ya no necesita enemigos: se basta con sus gestores.
El Bernabéu habló.
Y tronó.
“Corrupción en la Federación.”
No una vez. Varias.
Miles de voces. Una sola idea.
La grada no se calla cuando cree que le roban la verdad.
Penalti a Vinícius.
De libro.
Lamine mete la pierna. No toca balón.
Vinícius va a rematar.
Penalti.
Hasta que el VAR lo cambia.
Una llamada. Una pantalla. Un susurro.
Y de penalti pasamos a falta en ataque.
De la justicia al disparate.
Luego gol de Mbappé.
Y el banderín.
Siempre en la misma dirección.
Fuera de juego, dicen.
Pero el balón venía de Fermín.
De un rival.
Eso limpia toda posición.
Lo sabe cualquiera.
Menos los que parecen vivir de fingir que no.
Dos jugadas. Dos decisiones.
Un mismo perjudicado.
Demasiada coincidencia.
El poder ya vive en la Federación.
Y el tufo se nota.
El órgano de control de los derechos audiovisuales,
aparentemente, repartiendo contratos a dedo
y saltándose su propia normativa.
El Real Madrid preguntó.
A Louzán.
Si sabía algo de esas adjudicaciones.
El presidente solo ha asistido a dos reuniones del órgano que debía presidir.
Dos.
¿Desinterés?
¿O cálculo?
Y entonces apareció Esther Queraltó.
Directora de Contrataciones.
Se cruzó en la respuesta.
Nerviosa.
Me lo cuentan desde dentro.
Horrorizados.
Dicen que tomó la palabra sin turno.
Que interrumpió al presidente.
Que dijo que era “inaudito y sorprendente”.
Que “ya era pasado”.
Y que remató con hielo en la voz:
“Me encantaría saber cuál es la intención del Real Madrid al plantear este tipo de cuestiones, porque alguna intención tiene que haber.”
Esa frase lo resume todo.
El poder que se irrita cuando se le pregunta.
El miedo que censura lo que no puede controlar.
En el campo, parece que no aplican bien el reglamento.
En los despachos, tampoco.
Ni el deportivo. Ni el de contratación.
Queraltó, espejo del poder que sobrevive,
aplicando el Manual Tebasiano.
Tebas censura imágenes.
Ella censura preguntas.
Discípula perfecta.
Porque cuando alguien se molesta por una pregunta,
es que hay algo que no puede explicar.
O algo que prefiere esconder.
“Corrupción en la Federación.”
El Bernabéu lo gritó.
Y aunque no estaba Queraltó para acallarlo,
estaba el Manual de Tebas.
Para omitirlo en la retransmisión.
El Real Madrid ganó.
2-1 en el campo.
Y también ganó en los despachos.
Porque la censura es la derrota con micrófono apagado.