Cuando descubres la importancia de no meterte en las vidas de los demás y tampoco dejar que los demás lo hagan en la tuya, piensas que tenías que haberlo hecho antes.
¿Y después de follar, qué?
El abrazo sin prisa.
Dedos acariciando una espalda.
El eco de una risa en un cuello.
Sentirse respirar.
Un beso en la frente.
Es ahí.