Mientras tú remabas con fe y sueños sinceros, algunos solo fingían remar contigo. Y aunque tardaste en verlo, Dios terminó mostrándote quién impulsaba tu vida… y quién la detenía.
Soltar cuesta, pero quedarse donde no te valoran duele más. Darse su lugar vale más que intentar sostener a alguien inestable. A veces lo más valiente es irse: tu paz primero.