Lo que está pasando en esta fábrica de BMW es bastante más importante de lo que parece. Y Europa debería estar prestando mucha atención.
El robot que aparece en el vídeo es Figure 03, de la estadounidense Figure AI. Está en la planta de BMW de Spartanburg, Carolina del Sur, realizando una demostración de una tarea que parece rutinaria: recoger piezas de un contenedor y colocarlas en el orden exacto en el que las necesitará una línea de montaje.
Pero lo verdaderamente es cómo lo hace.
Durante décadas, la automatización industrial ha funcionado extraordinariamente bien cuando el entorno podía controlarse. Un brazo robótico sabe repetir un movimiento miles de veces con una precisión asombrosa. El problema aparece cuando las piezas cambian de posición, llegan desordenadas o requieren interpretar una situación nueva.
Ahí seguía siendo necesario el ser humano. Figure 03 apunta precisamente a esa frontera.
Su sistema de inteligencia artificial, Helix 02, coordina visión, manos, brazos, torso y piernas para adaptar sus movimientos a situaciones variables. No se limita a ejecutar una secuencia fija de instrucciones. Percibe el entorno y ajusta su comportamiento.
Y esto tiene implicaciones económicas enormes...
Primera: estamos entrando en una etapa en la que automatizar dejará de significar necesariamente rediseñar toda una fábrica alrededor de una máquina. La aspiración de los robots humanoides es justamente la contraria: construir máquinas capaces de adaptarse a espacios, herramientas y procesos que ya existen.
Segunda: la productividad industrial podría dar un salto cualitativo. No solamente porque determinadas tareas requieran menos horas humanas, sino porque las empresas podrán reorganizar turnos, logística, flujos de materiales y capacidad de producción. La verdadera revolución no será sustituir un trabajador por un robot. Será rediseñar una fábrica que ya no dependa de la misma distribución del trabajo.
Tercera: se está formando una nueva economía del capital. Las empresas que consigan desplegar estas tecnologías de forma rentable podrán convertir una parte creciente de sus costes laborales variables en inversión tecnológica, mantenimiento, energía y computación. Eso cambia la estructura de costes, las barreras de entrada y, potencialmente, las ventajas competitivas.
Cuarta: aparece una paradoja que deberíamos analizar con cuidado. La inteligencia artificial física puede reducir el coste de determinadas tareas, pero necesita cantidades enormes de computación para entrenarse y mejorar. La productividad de una fábrica empezará a depender también de centros de datos, semiconductores, electricidad y modelos de inteligencia artificial desarrollados a miles de kilómetros.
Y aquí aparece NVIDIA, pues según Nscale [https://t.co/NhPaHlkVfz], en septiembre, Figure firmó un acuerdo con Nscale para disponer de hasta 100.000 GPU basadas en la futura plataforma NVIDIA Vera Rubin, con un compromiso inicial de computación de 3.500 millones de dólares.
Es decir, la siguiente gran demanda de infraestructura de IA será de máquinas que aprenden a interactuar con el mundo físico. Pero falta la pregunta decisiva: ¿cuánto cuesta realmente cada hora productiva de uno de estos robots? ¿Cuántas intervenciones humanas necesita? ¿Qué ocurre cuando falla? ¿Cuánto tarda en amortizarse?
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Europa lleva años dando vueltas a los mismos debates sobre jornadas laborales, costes energéticos, competitividad y reindustrialización. Y mientras seguimos discutiendo cómo recuperar la industria que hemos perdido, otros están trabajando en una forma de producir que puede dejar obsoletos buena parte de nuestros planteamientos actuales.
No veremos fábricas sin trabajadores de la noche a la mañana, pero sí veremos cómo cambia la relación entre trabajo, capital y productividad. Y ahí Europa tiene un problema añadido: corre el riesgo de volver a depender de tecnologías desarrolladas fuera, pagando por utilizarlas y compitiendo después con quienes las dominan.
Conviene prestar atención a estos avances, incluso cuando parecen poco espectaculares. Al fin y al cabo, buena parte de la historia industrial se ha escrito así, resolviendo tareas que parecían insignificantes hasta que alguien descubrió cómo hacerlas más rápido, mejor y a menor coste.
Porque las revoluciones industriales no se anuncian cuando ya han transformado la economía. Empiezan con escenas aparentemente insignificantes. Como un robot ordenando piezas en una fábrica de automóviles.
Mientras la gente discute por la vivienda se acerca una amenaza silenciosa mucho mayor que dejará a millones de personas sin empleo ni ingresos.
La vivienda dejará de ser un problema mayor, lo preocupante será la alimentación.
@elEconomistaes Los que os preguntáis que como van a tener hijos donde meterlos que si las mujeres de valor los tienen más tarde y bla bla bla, justamente por esa mentalidad estamos en decrecimiento poblacional nativo...
⚡️🇺🇸Trump🗣️: "En España hay un problemón con la vivienda, y Sánchez no puede resolverlo y encima abre el país a los ilegales. Es que no me lo puedo creer. Me da que esto le viene grande. Yo amo a España. España es un país fantástico, pero necesita un líder que sepa lo que hace"
La Generación Z se revela contra la Generación X y la Generación Boomer.
Reclaman empleos dignos.
Reclaman vivienda digna.
Reclaman no vivir peor que sus padres.
El único problema es que vivimos en un mundo contaminado y de recursos limitados.
El Banco Mundial admite que la drástica reducción del crimen en El Salvador de Bukele dispara el crecimiento económico y la inversión en el país
https://t.co/aYvlFAYCb0
@PauetAC Y por ello tienen hijos a mansalva, pero las mujeres "nativas" quieren una carrera un trabajo exitoso cumplir metas y eso con hijos no cuadra por lo que sea.
@SaraCarvajal En japon no te pide que se la cuides sabe que la puede dejar ahí ir a por un cafe y volver a por ella. El Disney es que no tengamos esos valores nosotros con lo que gastamos en educación