Dios aísla a los elegidos.
No es rechazo.
No es abandono.
No es mala racha.
Es preparación.
Hay temporadas donde Dios te aparta de personas, ambientes y distracciones porque lo que viene requiere una versión más fuerte, más madura y más dependiente de Él.
El aislamiento duele.
Se siente como silencio.
Como puertas cerradas.
Como amigos que se alejan.
Pero en realidad, es entrenamiento.
Dios no aísla para castigarte.
Te aísla para procesarte.
Te quita ruido para hablarte claro.
Te quita apoyo humano para enseñarte a confiar en Su voz.
Muchos quieren el propósito,
pero pocos aceptan el proceso.
Si estás en una etapa donde te sientes solo, diferente o incomprendido… puede que no estés perdiendo personas. Puede que estés siendo separado para algo mayor.
Cuéntame:
¿Has vivido una temporada donde Dios te apartó de todo antes de levantarte a otro nivel?
Sé honesto.
Trabaja duro.
Cásate joven.
Sé fiel a tu mujer.
Ten hijos con ella.
Instrúyelos en la Fe.
No te olvides de tus padres.
Deja una buena herencia para tu descendencia.
Muere y ve al cielo con tu Señor, esperando que tus hijos vengan a ti o tú regreses a ellos.
"No hay nada más extraordinario en el mundo que un hombre ordinario, una mujer ordinaria y sus hijos ordinarios".
— G.K. Chesterton