“No queremos arruinar la fiesta del mundial, pero alguien tiene que oírnos”, dice al pie del Ángel de la Independencia María del Rocío Fragoso Granada, madre buscadora de su hija desaparecida en Santa Fe en 2018.
📹Jorge Ricardo
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es importante decir que en esa manta no están los rostros de familiares desaparecidos, sino de personas buscadoras que han sido asesinadas por buscar
para que eso no se olvide: también en méxico se mata a quienes buscan
Me alegra saber que toda la gente que se ve afectada por las estúpidas decisiones de los gobiernos morenistas, no votará por ellos el próximo año.
Y son millones: los maestros, los agricultores, las madres buscadoras, los estudiantes y, por supuesto, los usuarios del Metro.
El actor Memo Villegas, asistente al partido inaugural de la Copa del Mundo, señala que las protestas en torno al evento son una muestra de lo que es México.
"El evento que vamos a ver es lo menos importante de lo que está pasando en un país como México", señala.
📹: @androaguilar
Hay exigencias que son justas y merecen que el mundo las escuche. México supera los 130 mil desaparecidos y miles de familias siguen buscando a sus seres queridos sin respuestas ni justicia. Esa es una causa que sí merece visibilidad internacional. No más indiferencia.
Buscadores y otros manifestantes retiraron las macetas de cempasúchil colocadas sobre Calzada de Tlalpan para formar una cruz sobre la calle, donde mantienen una manifestación desde las 20:00 horas.
📸@oti_carvajal
Mi gata estaba adicta a los sobres de Whiskas. Cuando digo adicta, me refiero a que si no le daba uno al día me destruía la casa y, si llegaba la noche sin sobre, se me aventaba a la cabeza y me desgreñaba como poseída.
Le dio gastritis, empezó a vomitar sangre y la veterinaria me prohibió el Whiskas. Le recetó unas latas gastrointestinales carísimas. El problema fue que la desgraciada no se las quiso comer.
Entonces intenté engañarla. Le daba de comer a un gato comunitario con sobres de Whiskas, me traía el sobre vacío a la casa, metía la comida medicada adentro y se la servía.
La primera vez empezó a comer. De pronto se detuvo, se quedó viendo la pared unos segundos, me volteó a ver con una cara de odio puro y se fue.
Al día siguiente me observó atentamente mientras preparaba la comida. Cuando se la serví, ni siquiera la probó. Hizo un escándalo hasta que tuve que abrir un Whiskas de verdad frente a ella.
La veterinaria me dijo: “Déjala, eventualmente se lo va a comer”.
La cabrona eligió la violencia. Destruyó mi sala.
Al final encontré unos sobres gastrointestinales que sí le gustan. Ahora, cada vez que le voy a servir, se sienta a vigilar el proceso completo. No basta con que le dé el sobre. Tiene que ver cómo lo abro con sus propios ojos.
Esa culera descubrió que intenté estafarla una vez y jamás volvió a confiar en mí.