"Siempre estaba pensando en el futuro. Pensaba tanto que el presente había llegado a ser parte del futuro, la parte más extraña".
Roberto Bolaño en 'Una novelita lumpen'.
Tú puedes quitarle el tapón a la botella. Y yo ir al hospital a que me operen de urgencia de apendicitis aguda sin tener que hipotecar mi casa ni pedir un préstamo al banco que acabaré pagando el resto de mi vida
Empate, supongo
El otro día, alguien me preguntó cómo elegía el enfoque a la hora de informar desde EEUU sobre la presidencia de Donald Trump.
El enfoque (se pueden adoptar multitud de enfoques diferentes, o incluso opuestos, sin faltar a la veracidad ni descuidar el contexto) depende de las circunstancias. Creo que es mejor explicarlo directamente con ejemplos.
Cuando Donald Trump fue elegido presidente, por primera vez, en 2016, lo hizo a contracorriente de la mayor parte de la opinión publicada. No me refiero a que las encuestas lo situaran por detrás en la noche electoral y, al final, cosas que pasan, ganara. Me refiero a que, cuando anunció campaña en junio de 2015, su candidatura fue tachada como una curiosidad de la sección de Gente.
Según la gran mayoría de los análisis (lo sé: no todos), sus posibilidades de llegar a la Casa Blanca eran equiparables a las de un gato atropellado.
A medida que Trump se consolidaba en los sondeos y destruía a sus rivales (Bush, Cruz, Rubio; los arruinó y les cortó la cabellera), los profesores, analistas, periodistas, columnistas, expolíticos, etc, encontraban una nueva excusa para explicar por qué Trump se mantenía al frente y por qué sería algo temporal.
Pero ganó, y la lección de aquella campaña era que había una grave desconexión entre los medios de comunicación tradicionales, afincados en lugares como Nueva York o Washington, y grandes porciones de la población estadounidense.
Dado que los corresponsales extranjeros vivimos en estas mismas ciudades y entrevistamos, muchas veces, a estos mismos profesores, analistas, etc, esta desconexión se extendía a nuestros respectivos países. La imagen que se tenía de EEUU en el resto del mundo estaba condicionada por esa visión progresista, liberal, beneficiaria de la globalización, que imperaba en las grandes ciudades costeras.
¿Qué enfoque tenía que adoptar un corresponsal en estas circunstancias?
Para mí, estaba claro: había que dedicar más tiempo y esfuerzo a esos otros EEUU que, habiendo perdido peso económico, demográfico y por tanto político, casi habían desaparecido del radar (y habían acumulado mucho rencor).
Con esta perspectiva en mente, traté de explorar la visión del trumpismo, o adyacente al trumpismo, y las razones por las que su agenda polémica y muchas veces antidemocrática (como la promesa de prohibir la entrada al país a quienes profesaran una fe concreta) había tenido tanto tirón.
Esto no significaba reproducir acríticamente las palabras del presidente, ni tampoco ignorar las evidentes señales de megalomanía, pero sí estudiar lo que había debajo de los tuits y de las soflamas, y observar a EEUU desde el lado conservador-populista.
En la medida de mis posibilidades, visité condados rurales y regiones particularmente afectadas por la desindustrialización, fui a las carreras del Náscar (el deporte más trumpista) en Arizona y busqué testimonios que iluminaran esta parte del país; también creé el blog Sala 2, en El Confidencial, donde analizaba la actualidad norteamericana solo desde el prisma conservador.
Había que llenar ese hueco y solucionar la cuestión de la desconexión.
Durante el primer mandato de Trump esto era posible porque, a diferencia de ahora, el presidente no tenía experiencia política y carecía de una cantera de trumpistas leales, lo cual le obligó a recurrir al establishment republicano para gobernar. De este modo, sus impulsos más destructivos fueron frenados o canalizados por un gabinete de personas experimentadas y relativamente independientes.
Así que en Washington había una especie de gestión desdoblada: por un lado, las ocurrencias, muchas de ellas falsas y/o ilegales, del presidente, y, por otro, el manejo diario de los asuntos por una administración tradicionalmente conservadora.
Este desdoblamiento permitía analizar los desmanes y también la coherencia interna de una gestión que, al final, no rompió muchos platos.
Hoy en día la situación es muy, muy distinta.
Donald Trump está gobernando con un grado de pureza muy alto: con la experiencia del primer mandato, con 4 años de interregno que le han servido para planificar y, sobre todo, rodeado de gente que le dice que sí a (casi) todo.
Ya no tenemos una gestión razonablemente de derechas, cubierta por una capa de escándalos, fanatismo y oropeles, sino que los escándalos, el fanatismo y los oropeles han tomado, también, las riendas de la gestión.
La coherencia de esta administración, el hilo de plata que recorre sus acciones, es la subversión de la democracia estadounidense por parte de una serie de facciones (nativistas, fundamentalistas, oligárquicas) que se sirven de Donald Trump para llevar a cabo sus agendas, mientras este se sirve de estas facciones para consolidar su poder, doblegar países, levantar monumentos dorados a su mayor gloria, pulverizar las leyes nacionales e internacionales y llenarse los bolsillos.
Dado que, al tratarse de EEUU, que tradicionalmente ha sido la gran democracia de referencia, esta realidad puede resultar contraintuitiva, creo que la prioridad del corresponsal debe ser explicarla: romper el marco de referencia clásico por el que mirábamos a este país, ya que ha quedado obsoleto, y aportar uno nuevo.
Más allá de que también tratemos otros temas y otras perspectivas, creo que este debe de ser el enfoque prioritario, sobre todo porque lo que está sucediendo en este mandato puede tener graves consecuencias para EEUU y para el resto del mundo.
La única manera de pretender que las acciones de este gobierno tienen como objetivo mejorar el día a día de la gente, es practicando peligrosas contorsiones mentales y usando una brocha tan finita que uno se disolvería en el éter.
Hay quienes proceden así, y reciben el aplauso y el reconocimiento de quienes confunden simetría con ecuanimidad y eufemismo con profesionalidad.
Pese a todo, muchas personas siguen bajo el embrujo de Trump 1.0: aún piensan que se trata de un “presidente de la paz”, que “ve EEUU como un empresario, con espíritu práctico” y que sus soflamas escandalosas están destinadas a “hacer llorar a los progres” y por tanto no hay que tomárselas “de forma literal”.
Que cada cual negocie como pueda con su conciencia.
Los que sois más mayores, imaginad haber visto esto hace 20-30 años en prime time de la televisión: el presidente de EEUU durmiendo mientras su Secretario de Salud habla, tembloroso, acerca de las vacunas y cómo, ahora, tienen que recular debido al descontrolado brote de sarampión con cifras que no se habían visto en 35 años (EEUU declaró eliminado el sarampión en el año 2000).
No os lo habríais creído, pero está pasando.
«Cada época escoge a un grupo de desdichados para descargar sobre ellos el odio colectivo represado. Siempre un pequeño y débil grupo es elegido por el más fuerte, ya sea a causa de su religión, ya sea por el color de su piel, por su raza, origen, ideales sociales o ideología».
Los perdigones son los migrantes marroquíes, la escopeta es la dictadura de Mohamed VI, la perdiz es el Gobierno de España, los señoritos son Donald Trump y Netanyahu, y la derecha española son sus perros de caza que van a recoger la pieza.
Mis felicitaciones al Presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, por su profundo compromiso con la acogida de la inmigración y la "diversidad humana".
Como alguien que demuestra una gran preocupación por Hamás y los residentes de Gaza, le llamo a traducir las palabras en hechos: abra las puertas de España y conceda refugio a los residentes de Gaza que solicitan emigrar. Esta es una excelente oportunidad para contribuir un poco más a la "diversidad humana" de España.
🇪🇸&🇵🇸
Las declaraciones de Trump sobre Ceuta y los democrátas, jajajaja. ¿Cómo algo tan burdo y evidente puede ser comprado por tanta gente en contra de su propio país? Definitivamente los golpes de Estado con militares entrando en los Congresos han mutado en otra cosa.
España fue solidaria con Dinamarca cuando Estados Unidos amenazó hace apenas unos meses con invadir parte de su territorio ¿podemos contar con la misma solidaridad por parte de nuestros socios europeos? Parece que no con Italia, Suecia o Finlandia. Son cosas que quedan apuntadas
What to say about Finland really? Spain just joined an Arctic security mission in Finland but the moment Ceuta is under a hybrid attack Finland turns on … Spain
¿Pero como no me habéis contado esta maravilla de Feijoo, cabrones? 😂😂😂
El campo está abandonado porque la gente hereda, no se entera y no sabe de quien son los terrenos
Y M.Rajoy registrador de la propiedad
¿Y este quiere ser Presidente del Gobierno?