Al final, solo queda pedirle a Dios la temple para los golpes imprevistos de la vida y claridad para soltar a quienes nunca fueron reales. Que me aleje de las malas intenciones y de la gente que creí conocer, pero que al final resultó ser desconocida.
Llega un punto en la vida donde el silencio se vuelve más sabio que cualquier explicación. No todas las batallas merecen ser peleadas; a veces, el mayor acto de valentía es elegir la paz mental.