Tu perro te va a acompañar en tu oscuridad personal aún cuando no existe nada de oscuridad en él y va a permanecer ahí contigo hasta que consigas atravesarla y salir, iluminando tu vida con toda la alegría que te falta a ti, como un verdadero ángel.
Te dirán que el dolor pasa. Que dejes pasar el tiempo. Y es verdad que aprende a hacer menos ruido.
Pero nadie te cuenta que, cuando alguien importante se va, tú tampoco vuelves a ser exactamente el mismo.
Hay ausencias que no se curan, solo se acomodan en algún rincón de la vida. Aprendes a seguir, a sonreír, a hacer planes, a vivir.
Pero una parte de ti se queda para siempre en el lugar donde tuvo que decir adiós.
Y aun así, sigues viviendo.
Porque a veces la valentía no consiste en olvidar, sino en aprender a caminar con la herida. Con los zapatos desgastados.