Ingat momen ketika PM Israel berpidato di UN dan peserta sidang walk out?
Momen diatas diwujudkan menjadi sebuah video yang sangat indah dan menyentuh hati.
Video ini telah meraih lebih dari satu miliar penayangan di media sosial,
(produksi Televisi Press Iran)
♥️♥️🇵🇸
Perder una elección es un resultado. Convertirla en una derrota histórica es una decisión.
El progresismo colombiano enfrenta ahora una pregunta mucho más importante que cuándo regresará al poder: qué debe hacer para merecer regresar.
Esta es la primera de dos reflexiones sobre lo que viene después de una derrota. Porque la política no es un péndulo. Y el futuro no vuelve: se construye.
👇 Ver artículo completo aquí 👇
https://t.co/sdf2nTS40s
Mientras el país removía escombros, el ministro de Vivienda removía el hielo del cóctel.
A veces la realidad tiene un sentido del humor que ni Homero Simpson podría superar.
¿Puede un gobernante invocar a Dios para legitimar su proyecto político?
Esa pregunta ha acompañado a las democracias durante siglos. También marcó algunos de los capítulos más dolorosos de la historia de Colombia.
Esta reflexión no cuestiona la fe. Cuestiona la utilización política de la fe. Porque en una democracia el poder se recibe de los ciudadanos, no del cielo.
El poder tiene una forma muy sencilla de poner a prueba a las personas: basta con darles la impresión de que ahora pueden hacer lo que quieran. Homero Simpson nos ofrece una demostración bastante convincente.
Hay debates que parecen hablar de un hecho puntual, cuando en realidad obligan a preguntarnos por las reglas invisibles que sostienen una democracia. La discusión sobre una posesión presidencial es una de ellas.
Los edificios, las ceremonias y los símbolos nunca son simples decorados. Son instituciones silenciosas que recuerdan al poder que también tiene límites. Porque, a veces, un símbolo protege la libertad tanto como una ley.
Una camiseta puede parecer apenas una camiseta. Pero cuando alguien intenta convertir un símbolo que pertenece a todos en la insignia de una causa particular, la discusión deja de ser deportiva. Se convierte en una discusión sobre el poder, la democracia y los límites de la apropiación política.
De eso trata esta reflexión: De cómo el poder, a veces, intenta apropiarse de aquello que nunca le ha pertenecido.
Hay cosas que unen a un país precisamente porque pertenecen a todos. Cuando alguien intenta apropiárselas, deja de hablar de patriotismo y empieza a hablar de poder.
El remate de este video corre por cuenta de Bart Simpson.
Las democracias escriben nuevas páginas. No arrancan las anteriores para demostrar que el libro ahora les pertenece. Eso no es soberanía. Es vandalismo.
Homero Simpson quiso opinar al respecto.
El gobierno entrante está convirtiendo el empalme en la prolongación de la campaña por otros medios. Lo que debería ser uno de los momentos más discretos y responsables de una democracia se ha transformado en un escenario de confrontación, donde el impacto político parece importar más que la calidad de la transición institucional.
El empalme no fue concebido para recorrer el país en busca de aplausos ni para lanzar tesis incendiarias que alimenten el espectáculo. Fue concebido para garantizar que el Estado continúe funcionando mientras cambia el gobierno. El problema comienza cuando el Estado deja de ser el protagonista del empalme y pasa a convertirse en el escenario de una nueva campaña. Y quienes terminan pagando ese error no son los gobiernos, sino los ciudadanos que habitan en las trincheras del día a día.
Comparto una reflexión sobre por qué el espectáculo nunca puede reemplazar al gobierno.
Las democracias no empiezan a debilitarse cuando cambia un gobierno. Empiezan a debilitarse cuando se pretende borrar todo lo que la sociedad construyó antes de él.
Toda democracia tiene derecho a la alternancia. Ninguna democracia necesita la demolición. Hay conquistas que, cuando empiezan a proteger la vida y la dignidad de millones de personas, dejan de pertenecer a un gobierno para convertirse en patrimonio de toda la sociedad.
Comparto una reflexión sobre el verdadero sentido de gobernar y sobre la responsabilidad que tenemos todos de cuidar aquello que generaciones enteras ayudaron a construir. Si estas ideas le parecen valiosas, le agradezco ayudarme a difundirlas.
Las elecciones ya pasaron. Pero las urnas rara vez nos dejan una sola enseñanza.
Quedarse únicamente con el nombre del vencedor sería leer apenas una parte de la historia. La otra está escrita en los millones de ciudadanos que decidieron defender unos principios, demostrar cuánto había cambiado el país y recordar que ninguna victoria electoral puede volver irrelevantes los valores sobre los que una sociedad decide construirse.
Comparto con ustedes esta reflexión porque estoy convencido de que las urnas cerraron, pero la historia sigue abierta. Y porque las grandes causas democráticas no terminan el día de una elección: empiezan a construirse al día siguiente.
No tengo nada contra las emociones. De hecho, las considero excelentes consejeras para la poesía y el amor. Tengo mis dudas cuando les entregamos un país.
Las urnas abrirán sus puertas por un día.
La historia recordará lo que hagamos con ellas.
Por eso acudamos masivamente. No para decidir únicamente quién nos gobierna.
Sino para decidir qué lugar ocuparán la verdad, la dignidad humana y la convivencia en nuestro futuro común.
No hay fuerza mayor que una idea cuyo tiempo le ha llegado.
Y a la idea de un país que haga de la vida su causa principal sí que le ha llegado la hora.
A votar masivamente; Con serenidad. Con convicción.
Con alegría.
Algunas generaciones heredan la historia. Y otras tenemos el privilegio de escribirla.