No hay atajos. Madrugar es difícil, cuidar el cuerpo es difícil, estudiar es difícil, trabajar es difícil, crecer espiritualmente también. Pero es justo que mucho cueste lo que mucho vale.
El Indio Solari dedicándole "Y mientras tanto el sol se muere" a su mujer, Virginia.
"Algún día pronto una de mis vidas
Va a intentar matarme y lo va a lograr
¿Cómo será andar solito allá en la muerte?
Ay, mi amor, yo sin vos y tus sueños"
Destruído es poco, hermano.
Hay una canción del indio para cada momento.
Para enamorarnos, para reír y disfrutar, para brindar, para llorar, para afrontar un duelo.
El tipo no solo era un genio con las letras, le llegaba a la gente y formaba parte. Así es como un ídolo permanece en el tiempo, eterno.