Lo desesperante de esta campaña antiargentina es que llega en nuestro momento de mayor fragilidad como pueblo, como nación y como posibilidad de realización histórica. Con los salarios por el piso, el país literalmente en venta y la sociedad desmovilizada. Pero creo que ya tiene tantas aristas que lo mejor es pensarlo como una chispa que desató un incendio.
Son varias fuerzas en simultáneo que se alimentan entre sí. Así que voy a violar mi idea de nunca superar los 280 caracteres sólo porque necesito dejarlo por escrito en algún lado y no tengo otro:
- el negocio de las casas de apuestas de motorizar la bronca con Messi y la selección argentina para capitalizar apuestas en contra. Hasta acá estaba limitado al f��tbol: recortes para presentar una selección argentina tramposa o beneficiada por los arbitrajes
- aquella foto de Messi con Trump (por cierto: nadie escrachó a Harry Kane o a Cristiano Ronaldo por lo mismo), que le granjeó la antipatía de mucho progresismo internacional normalmente ajeno al fútbol
- el eterno resentimiento con Messi de los madrilistas y fanáticos de Cristiano Ronaldo
- la dinámica propia de los algoritmos de redes, propensa a premiar el baiteo, la indignación y las reacciones por sobre cualquier verdad o reflexión
- la condición de defensor del título de la Argentina en el torneo, frente a otros equipos que por distintas razones y con distintos méritos llegaban como "underdogs", a algunos de los cuales encima nos tocó eliminar (Cabo Verde, Egipto)
- los mitos de Hollywood (la CIA) de la Argentina negrocida y de la Argentina nazi (este es vital: los países que acogieron más nazis en el mundo están convencidos de que vinieron todos acá). El cinismo bienpensante de la cultura woke estadounidense. De acá se sigue el mito de la Argentina como un Mordor racista
- el hecho fortuito de que la composición étnica de la Argentina (peso marginal de la economía esclavista, masiva inmigración europea en 1870-1950, mestizaje generalizado y ausencia de corrientes migratorias africanas contemporáneas significativas) haga que a las sociedades racializadas les "llame la atención" la supuesta ausencia de argentinos negros
- la existencia de insultos racistas largamente aceptados en la cultura futbolera (no sólo de la Argentina, por cierto) y, desde luego, un racismo+clasismo estructural más o menos similar al de otros países de América Latina (aunque yo pienso que matizado por el igualitarismo extremo de la cultura cívica argentina)
- un resentimiento prácticamente unilateral, en principio de origen futbolístico, del público mexicano. De la magnitud de este fenómeno los argentinos nos terminamos de enterar ahora
- un discurso xenófobo contra los argentinos montado sobre una impostura antirracista motorizado sobre todo ¡por la ultraderecha racista! en Brasil, aunque no sólo por ellos
- genuinos episodios de racismo por parte de un número ínfimo de los millones de turistas argentinos que todos los años visitan Brasil, magnificados en el marco de lo anterior
- aquella tapa de mierda de Olé de 1996 (gente, ¿ustedes saben lo que eran los 90?)
- la magnificación en redes sociales de los exponentes peor socializados de cada país, de los insultos más hirientes, etc., de modo que, además de los fakes y operaciones, todo el mundo ve a los peores argentinos posibles (como a nosotros nos aparecen los peores mexicanos)
- la bronca tradicional con los chilenos (alimentada de ambos lados, porque tantos argentinos dicen tantas pelotudeces también) y la permanente sorpresa de que los uruguayos no nos quieren. Esto es folclore inofensivo pero sumó voces "del barrio" a todo el quilombo
- la rivalidad histórica con Inglaterra, reactivada por el partido y el episodio de la bandera por Malvinas, que sumó a la bronca antiargentina a otra gente y a otros motivos que hasta el momento estaban al margen
- la forzada rivalidad con España ante el inevitable cruce en la final. A mí me cae mal su aura de agrandados del fútbol pero francamente no tengo nada contra el país, tengo grandes amigos, todo argentino que junta un mango se va a conocer y tenemos una colonia inmensa de compatriotas instalados allí
- el supremacismo cultural y el sermoneo moral europeos llevados al terreno del fútbol ante seleccionados de países subalternos que no aceptan su lugar de inferioridad (la Argentina y el Paraguay)
Ahora, muchos de estos son fenómenos inconexos entre sí. Algunas son cosas más bien dormidas, o que estaban en el terreno de las teorías de la conspiración. ¿Cómo pudieron activarse todas juntas, retroalimentarse y volverse verosímiles?
Acá es donde me parece que ningún análisis honesto puede omitir el contexto local:
- un gobierno argentino que ha sobreactuado hasta el paroxismo su alineamiento con Trump y, en especial, su apoyo irrestricto a las acciones del Estado de Israel. Nadie en el mundo, fuera del Estado de Israel, ha reivindicado más la impunidad israelí que Javier Milei
- un clima político en la Argentina que premia, para los seguidores del gobierno, un discurso supremacista, xenófobo y racista, en una genuina competencia por ver quién es más hijo de puta (lo que afuera no aprecian es que todo esto va dirigido ante todo contra los propios argentinos)
A esta altura del partido, pienso que reducir el vendaval de mierda que está cayendo sobre los argentinos a la antipatía que genera Milei es, ante todo, minimizar la propia responsabilidad de quienes propagan, consciente o inconscientemente, esos discursos de odio, de mentiras, falsedades y medias verdades, de culpa colectiva y hasta de exterminio.
Parece que con otros países no se aplica: todos los argentinos (y nuestra selección nacional de fútbol) somos Milei, pero nunca todos los brasileños fueron Bolsonaro ni todos los estadounidenses son Trump. Para peor, encima, al gobierno le sirve: mientras más nos deteste el mundo, menos moverá nadie un dedo para evitar nuestro desguace.
Ahora bien, también es cierto que un gobierno que alegremente reivindica el genocidio palestino y que ni siquiera responde a quienes nos acusan a todos los argentinos livianamente de nazis y racistas (porque ellos mal podrían desmentirlo) es la condición de posibilidad, el significante vacío, si se quiere, que hace que de repente a tanta gente en todo el mundo le parezca creíble que los argentinos somos todos unos hijos de puta del primero al último.
Es cínico, es deshonesto, es injusto. Y así y todo este último es un problema que sólo podemos aspirar a resolver los argentinos. Quizás entonces muchos vean la peligrosa histeria colectiva a la que se habían subido.
Voy a decir algo antes de irme un ratito de twitter (este mes fue insoportable). No tengo pruebas pero tampoco dudas de lo que hicieron en redes, todo lo que dijeron de nosotros, del pueblo argentino y de la selección hizo mella. Les llegó a ellos y nos llegó a los civiles. E hizo daño.
Este pueblo no se merecía ni el 2% de las bestialidades que escribieron en redes y transportaron a la vida real. Nos han dicho xenófobos, racistas, genocidas, colonizadores, tramposos, violentos, etc. etc. Una locura incoherente y CLARAMENTE PREMEDITADA.
Somos un pueblo sufrido y resiliente, somos gente q le pone el pecho a las balas y sigue adelante. Con mil y un quilombos, pero que siempre sonríe y que es solidario con cualquiera que lo necesite. Incluso si es gente que nos ha pateado cuando estábamos en el suelo.
Muchos acá y afuera han sido MUY DESAGRADABLES y GRATUITAMEMTE VIOLENTOS con el pueblo argentino y con gente como Messi que en la puta vida hizo algo malo. Espero que no seamos boludos y no olvidemos. Hagámonos respetar.
Argentina is one of the last mixed heritage countries that isn’t self hating. Instead of being serious and penitent, they are lighthearted and make fun of their differences.
This is why the world hates them.
Aprendan algo de futbol..manga de llorones.aca alguien q entendio todo...pero... hay no..los argentinos no tienen honor, son desleales y sucios... vaya a a jugar a las muñecas ..manga de putos y llorones...