Somos un colectivo dedicado a la creación del cuento corto, trabajamos desde el año 2013 con el propósito de apoyar a la formación de narradores oaxaqueños.
“Anah amamantó a su crío y lo acurrucó hasta que se quedó dormido. Lo arropó y lo recostó sobre un mullido montón de hojas secas.”
La mamá dibujó en la piedra, al niño atacado por la bestia
De Ainda Dobarro
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“Debía revolver constantemente con la espátula para evitar que las yemas de huevo se cocinaran. Acercó su rostro a la cacerola para percibir el cálido y dulce aroma de la mezcla.”
Evento de libre acceso, de Liana Pacheco
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“¿Dónde había quedado Margot? Con esta inquietud, Gaby se levantó del suelo dejando el rompecabezas a medias.”
A salvo en casa, de Carolina Peña
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“A sus ochenta y dos años, un viernes que se parecía a tantos, doña Rosita despertó inquieta. Desabotonó su camisón a la altura del pecho como para que aflorara una decisión.”
Viernes de toros, de Carolina Peña
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El Iztaccíhuatl, la montaña más bella del eje volcánico, ambienta la relación de dos viajeros que nos revelan sus miedos y descubren su fuerza. Un cuento de la escritora oaxaqueña @aindadobarro
Primera parte
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Segunda parte
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“Con su certificado en mano, Indalesio se quedó en el pueblo y Charles desapareció. Unos decían que se fue a Estados Unidos y otros que andaba vagando por el norte del país.”
El valiente, de Ernesto Toledo Grapain
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“Vista de lejos, la Iztaccihuatl es una mujer dormida. Para los antiguos mexicanos era la diosa de la muerte. Una cordillera de varias montañas forma su perfil recostado de norte a sur y Rodrigo y yo aprovechamos su sueño perpetuo para recorrerla.”
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Cuando estaban en la primaria, Indalesio y Charles se pelearon dos veces. La primera fue cuando estaban en cuarto año. La maestra rompió la regla de madera en sus espaldas y ni se enteraron.
El Valiente, de Ernesto Toledo Grapain
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"Camino a casa, mamá le pregunta con quién hablaba. Dice las palabras con cuidado. Abi se queda callada, luego contesta: Gail es mi amiga."
Abi... Gail, de Gayne Rodríguez
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“Vicenta orilló la camioneta, apagó el motor y se bajó al mismo tiempo que una señora y una joven que viajaban en el asiento trasero. Ellas caminaron hacia atrás de los matorrales y Vicenta se acercó a nosotras.”
Pozole para Roberto, de Ainda Dobarro
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“Los perros aullaron la noche entera. El eco de sus aullidos provocó el canto atemporal de las cigarras y apresuró los insomnios de marzo; por eso don Simón se levantó de mal humor.”
Si no los perros, la gente, de Antonio Pacheco Zárate
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“—Ora, ¿quién le dio permiso? Yo no sé pa qué traen estas periodistas, doña Carmen —dijo Vicenta en voz baja, pero con el volumen suficiente para que yo la escuchara.”
Pozole para Roberto, de Ainda Dobarro
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“Me acerqué,vi su rostro de sorpresa y dolor, me quité el sombrero con un nudo en la garganta le eché la bendición en el aire.”
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La hoz y el corazón, de Pedro Rivera-Benito
—¿Qué le pasa a Vicenta? —me quejé con mi compañera—. Maneja como si trajera chivas.
—Tiene prisa —dijo Carmen sin inmutarse, concentrada en guardar el equilibrio— , quiere cruzar la zona antes de que amanezca.
Pozole para Roberto, de Ainda Dobarro
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“—¡Qué onda, bro! ¿Ya listo?… no vaya a caer el meteorito antes de tiempo —le dijo uno de ellos mientras chocaban sus puños.”
La extinción de los dinosaurios, de Pedro Rivera-Benito
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“Los rótulos en las puertas decían ‘Forraje’. La camioneta se desplazaba con rapidez por la terracería y con cada brinco nos hacía rebotar en nuestro sitio, sobre todo a las que viajábamos en la batea.”
Pozole para Roberto, de Ainda Dobarro
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“A los betabeles les habían brotado hojas de sus tallos. Muy verdes. Joselo salía a regarlos por las noches. En secreto. A escondidas.”
Betabel a dos de tres caídas, de Miguel Ángel Roldán Tovar
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“Es nada más un bicho raro, concluyó Paul con alivio. ¿Será un ojo falso? ¿Como los de vidrio pero con una lamparita adentro? Pero si es así y no tiene otro, ¿cómo ve?”
Un dios a destiempo, de Kurt Hackbarth
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“De qué carajo me sirve sin luchadores sudados, me decía Joselo cada vez que lo veía ahí solito. Yo no lo reprendía por su vocabulario: a uno cuando se encabrona se le va la boca. Dejó las bolsas desordenadas y se fue a su cuarto.”
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“Una noche, de camino a mi casa después de un largo día de trabajo, encontré una galería ambulante en el parque que está en medio del fraccionamiento donde vivo.”
Cuaddro nuevo, de Ruth Pacheco Martínez
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