In Huastecan Nahuatl, the word often translated as sacred is malhuilli.
It refers to something protected, something kept, something set apart and cared for.
The sacred is not distant. It is what is guarded and maintained through loving and reciprocal care
The painting is my own, “La Limpia,” in watercolor on paper.
Today is 9 Deer, ruled by Tlaloc, the lord of storms. Like the rain, it shifts without warning. It can nourish or it can destroy.
In my painting, Tlaloc pours from His four sacred jars. Each one brings a different fate: fertile rain, violent storms, drought, or the water that brings pests to the corn.
9 Deer reminds us that what sustains life also holds the power to undo it. We ask Tlaloc for the gentle rains, and pray we are not carried away in the flood.
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Mucho antes de que la identidad se debatiera en redes, en el mundo maya la identidad se vestía.
En esta imagen vemos tres figuras poderosas: un gobernante cubierto con atributos de serpiente, un guerrero con piel de jaguar y un chamán envuelto en plumas. No es fantasía. Es cosmovisión.
Para los antiguos mayas, los animales no eran disfraces: eran extensiones simbólicas del poder.
La serpiente —especialmente la llamada “serpiente visionaria”— estaba asociada al linaje divino y a la comunicación con el mundo sobrenatural. Gobernantes de ciudades como Palenque o Yaxchilán aparecen en relieves portando enormes tocados serpentinos como símbolo de legitimidad sagrada. La serpiente representaba el portal entre mundos.
El jaguar, depredador nocturno y sigiloso, era emblema de fuerza, dominio y vínculo con la oscuridad. Las élites guerreras vestían pieles o atuendos moteados para encarnar sus cualidades. En ciudades como Tikal, el jaguar fue incluso parte de nombres dinásticos.
Las plumas —sobre todo de aves como el quetzal— conectaban con el cielo. Los chamanes y gobernantes utilizaban penachos para simbolizar elevación espiritual y contacto con lo divino. Las aves eran mediadoras entre el plano terrenal y el celeste.
Desde la antropología, esto se entiende como un sistema de “nahualismo” y transformación ritual: la creencia de que ciertos individuos podían compartir esencia con un animal protector o alter ego espiritual. No era juego ni simple estética. Era estructura social, religión y poder político entrelazados.
Vestirse de animal era declarar públicamente una cualidad: ferocidad, sabiduría, visión, legitimidad. Era materializar lo invisible.
Y quizá lo más fascinante es esto: en la cultura maya, el ser humano no estaba separado de la naturaleza. Formaba parte de una red donde lo animal, lo divino y lo humano coexistían.
Tal vez por eso estas imágenes siguen provocando conversación siglos después.
En una ocasión, mi papá nos contó cómo eran los vendedores ambulantes en el México de su infancia. Entre todos esos personajes, mencionó a uno que me llamó especialmente la atención: el vendedor de tripas infladas. En ese momento me pareció extraño imaginar que alguien pudiera vender algo así… hasta ayer, que encontré esta imagen.
Resulta que las tripas infladas tenían muchos usos. Además de servir para hacer chorizo en casa, se utilizaban como nosotros usamos hoy una bolsa de plástico. Se rellenaban con semillas —arroz, trigo, frijol y otras— para almacenarlas en la cocina, o se llenaban de comida para llevar al campo durante las jornadas de trabajo y poder comer a lo largo del día.
Restauración y color.
Fotografia de 1870 de la coleccion Cruces y Campa.
OFICIAL: Nuestra sede para las Kings & Queens Finals será VERACRUZ 👑
📆 17 de mayo de 2025
📍 Nuevo Luis Pirata Fuente
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Ok, hablemos del performance de Kendrick Lamar, las referencias, porque si, Lamar es famoso por sus distracks y el performance fue eso, un distrack al sistema, a lo que está sucediendo en Estados Unidos, así que vayamos ahí…