Me llamo Jesús Martínez y no tengo algoritmo. No tengo IA. Solo tengo lápices, y ganas de hacer bien las cosas.
Cada trazo es mío. Y cada error. Y cada RT que le das a esto le llega a una persona real que está al otro lado.
¿Me ayudas a llegar un poco más lejos? ¡Gracias!
Chicos me ayudarían, perdí mi mochila hoy en el trayecto belloto quilpué, dentro hay estuche de full metal alchimist en dónde están todos mis remedios!! Pueden compartir mi publicación porfa!!!!
Un aplauso de pie para la diputada @velosodiputada se las mandó, le dijo lo que todo Chile quiere decirle al ministro Quiroz hoy en el congreso.
Dos minutos imperdibles:
BUSCO PEGA 🌎
Soy geógrafo con experiencia en consultoría en elaboración de DIAs y EIAs, líneas de base de flora y vegetación, manejo de sistemas de información geográfica, he trabajado para el sector público y privado.
Abierto a cualquier modalidad y lugar del país 🫡
RT porfi
Y se cayó otra mentira de Sedini y el gob. . La #factura de la comilona en La Moneda que dió Kast para sus amigostes de la universidad, la pagamos todos los chilenos, no Kast como trató de engañar al país la vocera. Así lo demuestra la factura de pago.
AYUDA URGENTE DIAGNÓSTICO TEA: Necesitamos realizar el test ADOS-2 con informe para escuela para exploración de TEA de niña de 9 años en vulnerabilidad social. Si existe la posibilidad que un profesional que pueda hacerlo a bajo costo o costo 0 en Santiago, lo agradecemos.
Mi vecino murió hace cuatro meses.
Yo tengo 36. Él tenía casi 70.
Vivía solo.
Sin hijos.
Sin visitas.
Solo hablábamos cuando coincidíamos en la entrada.
—Si un día no me ves, preocúpate —me dijo una vez riendo.
Una mañana llegó la ambulancia.
Se lo llevaron.
No volvió.
Semanas después tocaron mi puerta.
Era un abogado.
—Usted aparece en el testamento.
Pensé que era un error.
No éramos amigos.
Apenas conocidos.
Fui a la lectura.
Me dejó algo simple:
su apartamento.
Sus parientes estaban furiosos.
—Se aprovechó de un viejo solo —decían.
Yo ni siquiera sabía que estaba enfermo.
Acepté igual.
Cuando entré por primera vez, todo estaba ordenado.
Limpio.
Silencioso.
Encima de la mesa había un sobre con mi nombre.
Dentro había una nota corta.
“Gracias por saludarme siempre.
Fuiste la única persona que me habló como si todavía existiera.”
Me quedé sentado mucho tiempo.
La gente dice que tuve suerte.
Yo digo que alguien pasó años invisible…
hasta que un simple “buenos días” fue suficiente para recordarle que estaba vivo.
Y ahora cada mañana saludo a todos los vecinos.
Nunca sabes quién está esperando que alguien lo vea.
🚨Urgente Maipu: motochorro venía escapando de un robo y atropello abuelita de 75 años en la puerta de su casa la arrastró varios metros la dejo tirada, abuelita murió
av.el rosal totalmente tomada por motochorros Caribeños..difundir!!
MAGIA DE TUITER!! Busco testigos del choque que ocurrió en la ruta 5, el VIERNES 13, a las 6 de la tarde, en la bajada desde Manuel Rodríguez Norte altura San Pablo, donde un camión rojo con acoplado me chocó por atrás y arrastró a mi Toyota Yaris gris plata!! RT por favor!!! 🙏
El lunes por la mañana, cuando la enfermera revisó las habitaciones del asilo San Gabriel, la cama de la señora Leonor Wysocki estaba vacía.
Tenía 87 años, artrosis en las manos, la vista disminuida y una tarjeta amarilla junto a su nombre que decía “Vigilancia especial: riesgo de desorientación”.
Pero no estaba confundida.
Se había fugado.
No con ayuda, ni por accidente. Lo había planeado con meticulosidad: guardó dinero en el forro del abrigo, copió un mapa a mano y esperó la primera niebla del año para desaparecer sin hacer ruido.
Horas después, la policía la encontró… sentada frente al mar, comiendo helado de limón.
Cuando le preguntaron por qué lo había hecho, dijo:
—Porque aún me acuerdo de quién soy. Y ya nadie más parece hacerlo.
La llevaron de vuelta. El personal del geriátrico, entre el susto y la risa nerviosa, la reprendió con suavidad. Pero Leonor no se arrepintió.
Ese mismo día, su historia se viralizó en redes. Una foto, tomada por un transeúnte, la mostraba con el helado en la mano y los pies metidos en la arena. El pie de foto decía:
“Abuela fugitiva busca su libertad a cucharadas.”
Miles de comentarios la convirtieron en símbolo de algo más grande. No era solo una anciana rebelde. Era el recordatorio de que la vejez no es una jaula, sino una etapa más de la vida. Y no por eso, menos viva.
A los pocos días, una periodista le pidió hacerle una entrevista. Leonor aceptó… solo con una condición:
—Quiero que también hables de las otras. De las que no pueden escaparse. De las que no se han olvidado de sí mismas, pero viven como si ya estuvieran muertas.
La entrevista fue leída por millones.
Contó que había sido costurera, que crió sola a tres hijos, que nadie la visitaba desde hacía años, pero que no se sentía triste.
—Me siento… desdibujada. Como si ya no existiera para nadie. Por eso quise salir. Para recordarme que todavía tengo forma. Que todavía me gusto.
Un mes después, una editorial le propuso escribir un libro con sus memorias. Ella respondió:
—No quiero contar lo que viví. Quiero contar lo que todavía me falta por vivir.
Y lo hizo.
El libro se llamó: “Aún no me fui.”
Tenía capítulos breves, algunos con recuerdos, otros con listas de cosas que quería probar: conducir un coche, besar a alguien sin avisar, aprender a bailar swing, ir a un karaoke y cantar Edith Piaf.
La editorial lo publicó con una advertencia en la tapa:
“Escrito por una fugitiva de sí misma que volvió a encontrarse.”
Leonor falleció tres años después, en su casa, no en un asilo. La cuidaba una joven que había leído su libro y se ofreció como acompañante.
Sobre la mesilla de noche, quedó un helado sin terminar y una libreta abierta con su última frase:
“Morirse no me da miedo. Olvidarme de vivir, sí.”