Cada clase social predica la importancia de aquello que no necesita ejercer. Los ricos insisten en el ahorro, y los ociosos en la dignidad del trabajo.
La juventud en los tontos es su más vieja tradición. Al oírlos hablar, independientemente de su edad, uno siempre imagina que están en su primera infancia.
Los listos saben, pero no dicen nada; los ignorantes quieren, pero no tienen algo que decir; mientras que los tontos no tienen nada que decir, pero lo dicen.