Hay que sacar una ley para dejar de decir que:
La Universidad es gratis
La Salud Pública es gratis
La Educación Pública es gratis
y que diga:
“ Financiado por el contribuyente “
El keynesianismo parte de una ilusión peligrosa: creer que el Estado puede fabricar prosperidad empujando el gasto público, como si la riqueza surgiera de mover papeles, emitir dinero o endeudarse contra el futuro. Pero la economía real no funciona así. La riqueza no nace del decreto, ni del presupuesto, ni de la impresora monetaria; nace del ahorro, la inversión productiva, la acumulación de capital, la innovación, el trabajo y la coordinación libre entre millones de personas.
Cuando el Estado aumenta artificialmente el gasto para “estimular” la economía, no está creando recursos nuevos: está redirigiendo recursos que ya existían. Lo hace mediante impuestos, deuda o emisión. Si cobra impuestos, le quita poder de decisión al sector privado. Si se endeuda, traslada el costo al futuro. Si emite, destruye el poder adquisitivo de la moneda. En los tres casos, el supuesto estímulo termina siendo una forma sofisticada de financiar la ilusión.
El problema central es que el keynesianismo confunde movimiento con crecimiento. Puede generar consumo artificial, obra pública innecesaria, empleo financiado políticamente o una sensación momentánea de actividad, pero eso no significa que haya más riqueza genuina. Es como enchufar una zapatilla eléctrica a sí misma y esperar que produzca energía: puede parecer un circuito en funcionamiento, pero no hay fuente real de creación de valor.
Por eso el ciclo se repite siempre: más gasto genera déficit; el déficit exige deuda o emisión; la deuda compromete el futuro; la emisión empuja inflación; la inflación destruye salario real; y entonces el Estado usa ese deterioro como excusa para intervenir todavía más. La enfermedad se presenta como remedio. El incendio se combate con más combustible.
La verdadera prosperidad no necesita una impresora de billetes ni una burocracia administrando la ilusión. Necesita reglas claras, moneda sana, respeto por la propiedad, libertad de empresa, disciplina fiscal y precios que transmitan información real. Todo lo demás es teatro económico: más estímulo, menos realidad.
“No puede haber socialismo sin Estado, y mientras haya Estado habrá socialismo. El Estado es la institución que pone el socialismo en acción, y como el socialismo se basa en la violencia agresiva, la violencia agresiva es la naturaleza de cualquier Estado.”
Hans-Hermann Hoppe
Todo esto debería abrir una discusión de cómo legislar los aportes de campaña a streamers, desde el videogaming en Kick hasta la política en YouTube.
Tienen menos rendición de cuentas que un Canal, llegada cada vez más comparable y relaciones parasociales con su audiencia.