Pago de favores con el dinero de todos , los condenados /denunciados / maltratadores mediáticos se trasladaron de tele 5 a @rtve #ApagonHastaElFinDelMundo
#YoMeRebelo9N
En @DCorazon_TVE tildan de superviviente a una sinvergüenza encantada con todo menos con sus hijos a los q ignora
Basta de blanquear y sufragar en @rtve a Roci��to la delincuente condenada por abandono de familia q hizo negocio de la VioGen😡
-Antonio David inocente de maltrato.
-Absuelto de alzamiento de bienes y estafa procesal.
-Siempre con sus hijos, su prioridad.
-Rocío Carrasco condenada por mala madre.
Quien no quiera ver quien es esta persona, tiene un problema...
#YoMeRebelo6N#YoMeRebelo7N
Rocío Carrasco, intentó incapacitar a su hijo David.
Pero SU PADRE LE DIÓ ESTUDIOS.
( Tiene más estudios que su madre )
NORMALICEMOS LA DISCAPACIDAD.
#YoMeRebelo260
Cuando hay un intento autolitico te llevan al hospital y allí te tratan, no vas de hospital en hospital a ver en cual de ellos te hacen un informe médico que te venga bien para intentar reabrir una causa (que ni por esas lo consiguió). Rociito miente más que habla #YoMeRebelo26O
CUANDO UN INTENTO AUTOLITICO SE CONVIERTE EN UN ESPECTÁCULO...
Los partes médicos no entienden de dramatismo, allí donde el público espera épica, el papel solo ofrece números, tensión 93/65, pulso 70, saturación 99 %.
Diagnóstico... “sobremedicación voluntaria”. Sin coma, sin ventilación, sin urgencia vital. Solo una mujer algo somnolienta, consciente y orientada. Una paciente que, además, llevaba tiempo bajo tratamiento con benzodiacepinas, acostumbrada a sus efectos. En esos casos, el cuerpo ya ha aprendido a convivir con los fármacos, la misma dosis que a otro dejaría inconsciente, en alguien con consumo crónico apenas produce un letargo controlado. Ese es el lenguaje de la medicina, preciso, impasible, objetivo. Pero el lenguaje de la televisión es otro. Años más tarde, esa misma noche saltaría a la pantalla como el punto de inflexión vital de una historia personal.
El parte médico se transformó en símbolo de una vida rota que intenta recomponerse, el informe, en prólogo de un relato de liberación. La serie no hablaba de saturaciones ni de tensiones, hablaba de dolor, de miedo, de la sensación de tocar fondo. El espectador no veía una paciente estable, sino una vida al borde del abismo y aunque clínicamente la realidad fuese otra, emocionalmente el mensaje funcionaba, se convirtió en catarsis.
Lo que los espectadores no siempre saben es que, cuando alguien comunica haber intentado acabar con su vida o incluso menciona un plan alternativo (“si no funciona, me tiraré de un puente”) la medicina activa un protocolo estricto. No es un formalismo, es una obligación legal y ética. Se llama protocolo de riesgo suicida y empieza en el mismo momento en que se pronuncian esas palabras. Primero se comprueba el estado físico, constantes, respiración, posibles daños, luego llega la parte clave, la evaluación psiquiátrica urgente, realizada por un profesional de guardia. Esa valoración mide la gravedad de la idea suicida, el grado de intencionalidad, la existencia de un plan concreto, los antecedentes y los factores de protección. Si el riesgo es alto, el paciente no puede marcharse, ni aunque lo pida. La ley permite el ingreso psiquiátrico involuntario en casos de peligro inminente para la vida. Si el riesgo es moderado o bajo, se da el alta con seguimiento inmediato en salud mental, normalmente en menos de 72 horas y si el paciente se marcha por su cuenta, lo que en medicina se llama “alta por fuga”, el hospital debe notificarlo y dejar constancia, porque el riesgo sigue ahí, aunque el cuerpo esté estable.
El problema es que los informes solo registran lo que se ve, no lo que se siente. El papel médico puede describir un cuerpo consciente, pero no un alma exhausta. Por eso, cuando esa noche se convirtió en relato televisivo, cambió también su significado, lo que para el hospital fue una urgencia sin riesgo vital, para la narrativa fue el punto de quiebre emocional y entre una versión y otra no hay mentira, sino una diferencia de propósito, la medicina busca proteger la vida, la televisión, explicar el dolor desde el espectáculo más puro...
Los documentos y los testimonios cuentan la misma noche, pero en idiomas distintos. Uno dice “paciente estable”, el otro, “no podía más”... Cuando el parte médico se convierte en guión y el guión en diagnóstico, la frontera entre la realidad y su interpretación se difumina.
Esa noche tuvo dos protagonistas, el cuerpo y la emoción. El primero fue atendido y dado de alta por fuga voluntaria... la segunda, años después, buscó ser comprendida ante millones y tal vez ahí reside la verdadera lección, los hospitales curan lo que duele por dentro del cuerpo, pero los relatos curan lo que duele el alma, a veces coinciden, a veces no y en el espacio que queda entre ambos nace el mito, la historia que todos recordamos... A veces esa historia incluso se escapa bastante de la realidad y es cuando rodeada de luces, focos, música y estrellas la convierten en espectáculo.
#YoNoTeCreoRC