Acabo de hablar con un amigo politólogo PUCP sobre la situación que estamos atravesando y me dice que el país está sumamente polarizado. Seguimos informando.
Y no me refiero al votante promedio, sino de quienes, en cierto modo, viven de tener tribuna: verlos luego convocados como voces autorizadas/académicas para explicar los costos democráticos del fujimorismo que antes permitieron relativizar.
Algunos que durante la campaña jugaron a la falsa equidistancia, “Sánchez y Fujimori son lo mismo”, ahora ‘descubren’ que el fujimorismo sería peligroso en el poder.
Vaya neutralidad selectiva: no asumir costos antes, pero luego convertirse en analistas autorizados del desastre
¡Exacto! Había dos opciones y un sector ultracentrista optó por nadie, defendiendo su posición con un argumento de equidistancia.
Hoy sueltan ese argumento. ¿Por qué?
Desde Buenos Aires, donde tienen transporte público, universidades públicas donde se educan sus hijos y derechos laborales (al menos los que subsisten) los peruanos migrantes le dan la diferencia de votos al modelo que les negó todo eso en su propio país. Qué noche triste esta.
¿Y dónde están los equidistantes?
¿Marco Sifuentes y la encerrona?
¿Los que decían que debíamos ir a votar tristes?
¿Dónde están los moralistas? ¿Marisol Pérez Tello y Nieto?
Para los periodistas de Epicentro, Ocram y la progresía que hablan de “fraudismo” como un mero relato político y equiparan las denuncias de Keiko con las de la izquierda peruana, ¿la denuncia de fraude contra Alberto Fujimori en el 2000 también entrá en esa flamante categoría?
¿Notan que quienes dieron tremenda tribuna mediática a los fraudistas ahora están súper atentos para criticar a cualquiera que muestre dudas o preocupaciones sobre el proceso? Esas equiparaciones son bien poco honestas. Ni con las amenazas del Morrocoy se inmutaron…