Estoy en ese momento de la vida en el que ya tengo amigas casadas, otras divorciadas, algunas con hijos y yo no sé qué hacer con mi pelo, como para saber qué hacer con mi vida.
Quiero que las hijas de las hijas que nacerán hoy, puedan tener hijas sin preocuparse por si las matan o las violan cualquier madrugada.
Si eso me hace radical, sí, soy radical. Y os voy a meter mi radicalismo por los ojos, por las orejas y si hace falta, por el culo.
Dicen que el dinero no da felicidad, pero yo preferiría llorar mientras ordeno mis setecientos pares de zapatos en el ala oeste de mi mansión y los libros en la biblioteca del ala este.
Todas tenemos una amiga que compra libros por encima de sus posibilidades, incluso aunque todavía tenga libros pendientes de leer.
Y si tú no la tienes, es que eres tú.