¿De qué me protejo hoy, si cuando muera, mis hijos o mi esposa también serían esclavos?
Migrarás, e igual serás esclavo, hoy más aún.
¿Dónde quedó el hombre brioso, queridos proceres?
Veneramos a nuestros proceres porque sentían más pasión por la posibilidad de ser libres, que por su mismísima vida, y es lógico porque ellos entendieron bien: ¿De qué carajo sirve una vida de esclavos?
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