Se puede tener angustia, sinceridad y reverencia simultáneamente:
“¿Hasta cuándo, Señor, me seguirás olvidando? ¿Hasta cuándo esconderás de mí tu rostro? ¿Hasta cuándo he de estar angustiado y he de sufrir cada día en mi corazón?...”
—Salmo 13:1-2, ETC.