No hay atajos. Madrugar es difícil, cuidar el cuerpo es difícil, estudiar es difícil, trabajar es difícil, crecer espiritualmente también. Pero es justo que mucho cueste lo que mucho vale.
Le dije a mi terapeuta:
“Siento que se me acaba el tiempo para construir la vida que quiero”.
Ni siquiera me preguntó por qué.
Simplemente me miró con ternura y dijo: