Cada día me convenzo más de que el propósito de la vida de mi hermano es hacerme reír. Mi mamá lo tuvo porque sabía que nadie más me haría reír así. Que risa con ese pelao’, jajajaja.
Que placer caminar pie descalzo en mi casa, sacar a pasear a mi perra, comer todo lo que mi mamá tenía planeado cocinarme hace meses, reír con mis primas, los buenos días de mi abuela.
Que placer vivir la vida que Dios me regaló.