Los líderes de ultraderecha evaden impuestos y tienen empresas registradas en Panamá y las Islas Caimán, los de mi pueblo ponen el contrabando de la luz a las 4:00 p.m. cuando ya no pasan los carros de Air-e.
Y ojo, que este no es ni por cerca el peor de sus pecados, pero por primera vez en mucho tiempo, la justicia parece haber mirado hacia donde debía: pa' los justos, y no pa' los de corbata fina y guardaespaldas en la puerta.
La arepa se le volteó, sí señor.
Y esta vez, quemó.
Al fin, la jueza cantó el veredicto: Uribe es culpable.
Todavía falta que salga la sentencia con pelos y señales, pero ya el agua huele a yuca cocida: el hombre quedó marcado.
Mire cómo es la vida, compa: empezó todo intentando enredar a Iván Cepeda con el cuento de los testigos
y terminó fue enredándose solo, como quien se mete a un río a pescar y se ahoga con su propia atarraya.
Por confiado, por altanero, o por creer que el poder lo vuelve intocable.
Entonces no entiendo por qué esos que se llenan la jeta hablando de patria y de libertad se escandalizan cada vez que se propone consultar al pueblo. ¿Será que lo que les asusta no es la dictadura, sino perder los privilegios?
Yo no conozco nada más democrático que preguntarle al pueblo. Por algo la palabra democracia viene del griego demos, que es gente, y kratos, que es poder. O sea, el poder del pueblo, no de cuatro iluminados con curul y corbata.
@soloparatuitear Creo que hay un cambio de paradigma. Se debe enseñar a respetar a todos por igual, sin distingo de ningún tipo, pero también a poner límites cuando nos sentimos vulnerados. Hay personas mayores que creen que por su condición tienen derecho a tratar mal a todos y así no es.
@ElInformador_SM Este gobierno tiene muchísimas deficiencias, aún así ha sido infinitamente mejor que los últimos 30 años de gobiernos de la derecha tradicional.
Es la mente colonizada, el eco de siglos de opresión, donde el oprimido termina siendo el carcelero de sí mismo y de los suyos. Porque no hay nada más peligroso para los poderosos que un pobre que se sabe digno, y nada más triste que uno que lo olvida.
Es comprensible que las élites se retuerzan ante la dignidad del pobre; su poder se alimenta de humillaciones. Pero que un pobre se incomode al ver a sus iguales tratados con humanidad es otra cosa: es el triunfo de la alienación, la idiotez convertida en costumbre.
Son colombianos, son libres y dignos y están en su patria donde se les quiere.
El migrante no es un delincuente es un ser humano que quiere trabajar y progresar, vivir la vida.
La palabra del presidente Petro se levanta como un árbol de dignidad, esa que un pueblo libre debió cargar siempre en sus hombros. Pero los politiqueros de traje y sus medios serviles, acostumbrados a besar los pies de los imperios, llaman a esa altivez locura.